Tres lecciones que México debe aprender del Golpe de Estado en Bolivia

Por Alan Gómez.

Ensenada, Baja California. 28 de noviembre de 2019 (Informe § Hokana).- El golpe en Bolivia está consumando. En unos cuantos días los “opositores” de Evo Morales y el partido MAS, parecen haber dado fin a una década de prosperidad y progreso en el país sudamericano. Si acaso el Golpe de Estado fue por el Litio, por el agua de Bolivia, o por su cercanía a Rusia y China; da igual, México (y su actual presidente) deben tomar nota de los evidentes errores que el ahora ex-presidente boliviano cometió.

1.- La “oposición” no existe.

Probablemente el principal error de Evo Morales fue no encarcelar al golpista y fanático religioso, “Macho Camacho”, quien abiertamente llamaba a tomar el poder “en nombre de Dios”. Lo mismo podría decirse de Dilma Rouseff en 2016, quien fuera derrocada en un golpe de Estado “suave” que también contó con el apoyo de sectores evangélicos fanáticos y militares nostálgicos por la dictadura brasileña.

El miedo que la “izquierda” latinoamericana siente de ser catalogada como “autoritaria” o “dictatorial” cuando por fin puede (y debe) ejercer el poder republicano (ya sea encarcelando a militares golpistas y/o religiosos desquiciados) siempre es aprovechado por los adversarios que se disfrazan de “oposición democrática” para maquinar un Golpe de Estado. En el caso de Bolivia fue muy evidente, los tiburones olieron la sangre: Evo Morales accedió renunciar a la presidencia, Álvaro García Linera también renunció a la vicepresidencia, se convocaron nuevas elecciones; aún así (o quizás por eso) los golpistas se envalentonaron e intentaron cazarlos como animales. Los militares bolivianos terminaron colocando la banda presidencial a una senadora que se autoproclamó presidenta con el supremo poder de la Biblia. Nada de esto es propio de una oposición democrática y republicana; eso más bien se llama delito de sedición.

La verdadera oposición democrática es algo como lo que Obrador encabezó entre 2006 y 2018. El ahora presidente protestó con marchas y plantones, sí, pero siempre por la vía pacífica y agotando las instancias legales. La reflexión es sencilla: ¿Qué le hubiera pasado a Obrador si se hubiera atrevido a pedir la intervención de las Fuerzas Armadas para “restaurar el orden democrático” tras lo que él mismo consideraba fraudes electorales en 2006 o 2012?

2.- México necesita una doctrina defensiva eficiente.

Morales fue extremadamente ingenuo: designó como encargado de la defensa de Bolivia a un general (Williams Kaliman Romero) quien fuera entrenado en el «Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad» (WHINSEC), antes conocido como Escuela de las Américas. Esta institución castrense norteamericana es infame por ser responsable en la formación militar de dictadores sudamericanos, escuadrones de la muerte centroamericanos y hasta narcos mexicanos.

Kaliman Romero llamaba “hermano Presidente” a Evo Morales y acusaba de “anti-patriotas” a los opositores golpistas, luego se les unió. Ese mismo general “recomendó” la renuncia de Morales mientras 50 mil dólares de recompensa eran ofrecidos por la cabeza del depuesto presidente boliviano.

Como reporta el portal argentino La Nación, entre los 60,000 estudiantes que pasaron por las aulas de la Escuela de las Américas están el salvadoreño Roberto D´Aubuisson, presunto cerebro de los escuadrones de la muerte en El Salvador; el dictador panameño Manuel Noriega, quien fuera defenestrado por el propio gobierno estadounidense; al menos doce militares que participaron en la masacre de el El Mozote, la peor matanza del Siglo XX en el continente americano, entre otros.

Es un argumento perverso pero Estados Unidos es un imperio eficiente. Y esa eficiencia depende en gran medida de instituciones como la Organización de Estados Americanos, pero también de doctrinas militares sólidas.

Si algo sostiene hasta la fecha al «imperio» americano, si algo sostiene al presidente venezolano frente al bloqueo y la crisis constante, y si algo sostuvo y sostiene a los cubanos y a los nicaragüenses frente a las agresiones e intentonas golpistas, es que sus respectivos mandos no tuvieron miedo de ponerse el casco, “limpiar” las Fuerzas Armadas y garantizar una doctrina defensiva igual o más eficiente que la de los “opositores” golpistas y sus aliados.

3.- La Teopolítica ya es una realidad.

El papel de las Iglesias Evangélicas en Bolivia (y sus evidentes nexos con Washington) pero también la creciente influencia de la Iglesia Ortodoxa en Rusia, el resurgimiento del Imperialismo shintoista en Japón y el supremacismo religioso hindú, son solo algunos ejemplos de que la política se está “sacralizando” en todo el mundo. ¿Porqué?

Se ha dicho hasta el cansancio que los conceptos modernos de “izquierda” y “derecha” ya no son suficientes para explicar el mundo. El trauma de la experiencia (atea o agnóstica) del proyecto comunista (la izquierda internacional) dejó una huella profunda en los países que padecieron la perversión del sindicalismo «comunista» corrupto y paranoico, así como las “revoluciones culturales” que significaron la destrucción del patrimonio histórico, así como conflictos internacionales emanados de la Guerra Fría.

Pero el “antídoto” al comunismo también resultó en desastre: la “secular” democracia tecnocrática o (neo)liberal (la derecha internacional) es igual de atea o agnóstica que Marx; y nos trajo, entre otras cosas una monstruosa desigualdad (y por lo tanto una crisis migratoria global), más corrupción pero ahora enquistada en los paraísos fiscales de la “élite” banquera y empresarial, y por si fuera poco, más guerras en nombre de la «democracia y la libertad» con todo y los «bombardeos humanitarios«, que solo producen más migración y desigualdad.

El resultado entonces es el colapso de la modernidad: si ya nadie cree en la izquierda (es decir, en los gobiernos donde el poder está en los sindicatos y los gremios socialistas o comunistas), pero tampoco en la derecha (en los gobiernos de banqueros y empresarios “liberales” o capitalistas); inevitablemente los pueblos del mundo se refugiarán en las antiguas élites que dieron forma a sus respectivas civilizaciones: la casta guerrera (los militares) y la sacerdotal (la religión).

En Bolivia no atestiguamos una lucha entre “libertarios” contra “socialistas del siglo XXI”, sino una guerra entre el evangelismo anglófilo y la pachamama indigenista. Si AMLO (y México) quieren evitar el mismo destino, es necesario consolidar una teopolítica mexicana sólida y sobre todo soberanista.