Transhumanismo, la Religión de la Tecnocracia que viene

Por Mark E. Jeftovic.

Ensenada, Baja California. 30 de junio de 2020 (Informe § Hokana).-  Recientemente el Wall Street Journal (WSJ) publicó un artículo de opinión titulado «Esperando con ansia el final de la humanidad», donde Adam Kirsch postula el empuje de un cambio tecnológico (apalancado por la pandemia mundial de coronavirus) que será capaz de abolir la muerte:

La vida eterna a través de la tecnología avanzada parece un sueño imposible para una sociedad que, hasta hace poco, tenía problemas para fabricar suficientes máscaras para salvar la vida de médicos y enfermeras. Sin embargo, el Covid-19 puede resultar ser el tipo de crisis necesaria para impulsar los esfuerzos rumbo a la creación de lo que sus defensores llaman el futuro «transhumano». Con nuestra fragilidad biológica más evidente que nunca, muchas personas estarán listas para aceptar el mensaje de la «Declaración Transhumanista», un programa de ocho puntos publicado por primera vez en 1998: “Visualizamos la posibilidad de ampliar el potencial humano superando el envejecimiento, las deficiencias cognitivas, el sufrimiento involuntario y nuestro confinamiento en el planeta Tierra».

Hay una gran cantidad de pensadores respetados que creen que esto es posible, incluido el fundador de Google Ventures, Bill Maris, citado en el artículo de WSJ; así como Yuval Noah Harari, quien en su libro, Homo Deus, establece el mismo tono desde el principio, declarando:

En el siglo XXI, es probable que los humanos hagan una apuesta seria por la inmortalidad… Los humanos siempre mueren debido a algún error técnico (en el cuerpo humano)… No hay nada metafísico al respecto. Problemas técnicos, es todo.

Además, por supuesto, no hay ninguna discusión tecno-utópica completa sin mencionar a Ray Kurzweil, quien plantea una «singularidad tecnológica» que proporcionaría un universo personalizado y totalmente controlado para cada humano (al estilo The Matrix), uno en el que cada quien tendría el control total para experimentar lo que quisieran, por toda la eternidad, una vez que todos carguemos nuestras conciencias en a la nube digital.

La pieza del WSJ toca el mismo tema:

Hoy en día, los científicos cognitivistas a menudo comparan el cerebro con el hardware, y a la mente con el software que se ejecuta en él. Pero un programa de software es solo información y, en principio, no hay razón para que dicha información, la conciencia, tenga que codificarse (solo) en las neuronas.

El Proyecto Human Connectome, lanzado en 2009 por los Institutos Nacionales de Salud, se describe como «un esfuerzo ambicioso para mapear las conexiones neuronales que subyacen en la función del cerebro humano». Si esas rutas pudieran mapearse por completo y traducirse a unos y ceros digitales, los datos podrían cargarse en una computadora, donde podría sobrevivir indefinidamente.

¿Algo de esto suena como el Cielo? ¿El paraíso? ¿El Valhalla? No. Y no es sorprendente porque el «cientificismo» (a diferencia de la Ciencia, que explora y descubre utilizando el método científico) ha dado paso a una nueva era de reduccionismo materialista, donde la religión, la espiritualidad o cualquier otro aspecto no material de la realidad que no pueda cuantificarse fácilmente, haya sido despojado de relevancia y significado en nuestra propia versión de «Un Mundo Feliz«.

Algo tiene que llenar el vacío que dejará libre la ausencia de religión y espiritualidad. En mi próximo libro, «La Singularidad ha sido Cancelada», postulo que este vacío se llenará con pensamiento tecno-utópico, que nos prometerá utopía y la «dicha eterna» de la vida después de la muerte, pero a través de la tecnología bien administrada por expertos, quienes nos adelantarán el paraíso virtual.

Mi premisa para el libro incluye cuatro afirmaciones principales, que son:

• El pensamiento tecno-utópico es paradójico, la idea de que los sistemas y la gestión experta pueden controlar todos los resultados indeseables, terminará exacerbando nuevos resultados indeseables para «corregir».

• La verdadera «inteligencia artificial», que se define como «amplia», sensible y consciente, no se puede lograr bajo nuestras suposiciones actuales. La idea de que la conciencia es simplemente algo que emiten nuestros cerebros «como un hígado secreta bilis» es, sospecho, realmente errónea. Ningún avance tecnológico alcanzará una IA amplia, siempre y cuando se defina centralmente de esa forma.

• Hay contradicciones internas fundamentales en el pensamiento tecno-utópico. La extensión lógica del marco intelectual actual es que la conciencia es una «ilusión», misma que podremos perpetuar al «subirla a la nube». Estas inconsistencias internas, cuando se asienten a nivel social, conducirán a un tipo de hipernormalización de lo que el filósofo Ken Wilbur llama «locura aperspectiva».

Finalmente, debido a que no soy un ludita (estoy muy lejos de hecho) introduzco un marco para lo que yo llamo «tecno-realismo», la premisa central es que cada salto tecnológico marca el comienzo de un nuevo conjunto de problemas más grandes y más complejos. Y esto está bien. Creo que es posible que una era de extensión radical de la vida pueda estar sobre nosotros, para aquellos que pueden pagarla; e incluso para ellos, la extensión de la vida no será equivalente a la «eternidad». Haz las cuentas.

La desventaja principal es que cada salto (cuántico) tecnológico también bifurca a la sociedad en dos: una civilización separatista que llegará a liderar con la nueva tecnología, mientras las masas en general tardarán más en beneficiarse (aunque se beneficiarán con el tiempo); tendiendo que cuenta que las formas de mitigar dicha desigualdad suelen verse obstaculizadas por intereses institucionalmente arraigados.

Lo que nos lleva de vuelta al artículo del WSJ, que postula una inmortalidad tecno-utópica y presenta evangelistas de la talla de Google y miles de grupos de expertos para avanzar juntos.

A medida que avanzamos hacia una sociedad más algorítmicamente controlada, será de esperarse que los «Sistemas de Crédito Social» digitales y tecnocráticos reemplacen las estructuras morales convencionales; y con la perspectiva de que la mente se cargue finalmente al paraíso digital eterno, habrá nueva recompensa religiosa para cumplir las reglas.

Será interesante ver cómo esta narrativa será promulgada por varios líderes de opinión y medios de comunicación tradicionales en los próximos años. Espero tener mi libro listo en algún momento de 2021.

Fuentes:

Axis of Easy (2020, 22 de junio). Transhumanism: The new religion of the coming technocracy. Recuperado de: https://axisofeasy.com/aoe/transhumanism-the-new-religion-of-the-coming-technocracy/