Tres pandemias previas que provocaron cambios sociales masivos

Por Andrew Latham

Ensenada, Baja California. 30 de noviembre de 2020 (Informe § Hokana).- Antes de marzo de este año, probablemente muy pocos pensaban que las enfermedades podrían ser un factor importante en la historia de la humanidad.

Ya no es así. La gente está empezando a comprender que los pequeños cambios que el COVID-19 ya ha introducido o acelerado (telemedicina, trabajo a distancia, distanciamiento social, la muerte del apretón de manos, las compras en línea, la virtual desaparición del dinero en efectivo, etc.) han comenzado a cambiar sus propias vida. Tal vez no estén seguros de si estos cambios sobrevivirán a la pandemia. Y tampoco sabrán si estos cambios son para bien o para mal.

Pero tres plagas anteriores podrían dar algunas pistas sobre la forma en que COVID-19 doblará el arco de la historia. Tal y como enseño en mi curso «Plagas, pandemias y política«, las pandemias tienden a moldear a la humanidad de tres maneras.

Primero, pueden alterar profundamente la cosmovisión fundamental de una sociedad.

En segundo lugar, pueden cambiar las estructuras económicas fundamentales.

Y Finalmente, pueden influir en las luchas de poder entre las naciones.

1.- La enfermedad impulsa el surgimiento del Occidente cristiano

La Peste Antonina, y su gemela, la Peste Cipriana, que ahora se cree que fueron causadas por una cepa de viruela, devastaron el Imperio Romano entre el 165 y el 262 d.C. Se ha estimado que la tasa de mortalidad de ambas pandemias combinadas fue de uno cuarto a un tercio de la población del imperio.

Aunque asombroso, el número de muertes cuenta solo una parte de la historia. Ya que las plagas también provocaron una profunda transformación en la cultura religiosa del Imperio Romano.

En vísperas de la peste, el imperio era pagano. La gran mayoría de la población adoraba a múltiples dioses y espíritus, y creía que los ríos, árboles, campos y edificios tenían cada uno su propio espíritu.

El cristianismo, una religión monoteísta que tenía poco en común con el paganismo, tenía sólo unos 40,000 seguidores; no más del 0,07% de la población del imperio.

Sin embargo, una generación después del fin de la plaga cipriana, el cristianismo se había convertido en la religión dominante en el imperio.

¿Cómo se relacionan estas pandemias gemelas a la profunda transformación religiosa?

Rodney Stark, en su obra fundamental «The Rise of Christianity«, sostiene que estas dos pandemias hicieron del cristianismo un sistema de creencias mucho más atractivo.

Si bien la enfermedad era prácticamente incurable, los cuidados paliativos rudimentarios (el suministro de alimentos y agua, por ejemplo) estimularon la recuperación de quienes estaban demasiado débiles para cuidar de sí mismos. Motivados por la caridad cristiana y una ética de atención a los enfermos habilitada por las densas redes sociales y caritativas en torno a las cuales se organizó la iglesia primitiva, las comunidades cristianas del imperio se mostraron dispuestas y capaces de brindar este tipo de atención.

Los romanos paganos, por otro lado, optaron por huir de los brotes de la plaga o aislarse a sí mismos con la esperanza de evitar la infección.

Esto tuvo dos efectos.

Primero, los cristianos sobrevivieron a los estragos de estas plagas a tasas más altas que sus vecinos paganos y desarrollaron niveles más altos de inmunidad más rápidamente. Al ver que muchos más de sus compatriotas cristianos estaban sobreviviendo a la plaga, y atribuyéndolo al favor divino o a los beneficios del cuidado brindado por los cristianos, muchos paganos se sintieron atraídos por la comunidad cristiana y el sistema de creencias que la sustentaba. Al mismo tiempo, atender a los paganos enfermos brindó a los cristianos oportunidades sin precedentes para evangelizar.

En segundo lugar, Stark sostiene que, debido a que estas dos plagas afectaron de manera desproporcionada a las mujeres jóvenes y embarazadas, la menor tasa de mortalidad entre los cristianos se tradujo también en una mayor tasa de natalidad.

El efecto neto de todo esto fue que, en aproximadamente en el lapso de un siglo, un imperio esencialmente pagano se encontraba en camino de convertirse en uno mayoritariamente cristiano.

2.- La plaga de Justiniano y la caída de Roma

La plaga de Justiniano, que lleva el nombre del emperador romano que reinó desde 527 a 565 d.C., llegó al Imperio Romano en 542 d.C. y no desapareció hasta el 755 d.C. Durante sus dos siglos de brotes, se calcula que mató del 25% al ​​50% de la población, es decir entre 25 y 100 millones de personas.

Esta pérdida masiva de vidas paralizó la economía, desencadenando una crisis financiera que agotó las arcas del estado y obstaculizó las antaño poderosas fuerzas militares del imperio.

En el este, el principal rival geopolítico de Roma, la Persia sasánida, también fue devastada por la plaga y, por lo tanto, no estaba en condiciones de explotar la debilidad del Imperio Romano. Pero las fuerzas del Califato Rashidun en Arabia, que durante mucho tiempo habían estado contenidas tanto por los romanos como por los sasánidas, no se vieron afectadas demasiado por la plaga. Las razones de esto no se comprenden bien, pero probablemente tengan que ver con el relativo aislamiento del califato de los principales centros urbanos.

El califa Abu Bakr no desaprovechó la oportunidad. Aprovechando el momento, sus fuerzas conquistaron rápidamente todo el Imperio Sasánida mientras despojaban al debilitado Imperio Romano de sus territorios en el Levante, el Cáucaso, Egipto y África del Norte.

Antes de la pandemia, el mundo mediterráneo había estado relativamente unificado por el comercio, la política, la religión y la cultura. Lo que surgió después fue un trío fracturado de civilizaciones compitiendo por el poder y la influencia: un poder islámico (el califato) en la cuenca del Mediterráneo oriental y meridional; uno griego en el noreste del Mediterráneo; y uno latino entre el Mediterráneo occidental y el Mar del Norte.

Esta última civilización, lo que ahora llamamos Europa medieval, fue definida por un sistema económico nuevo y distintivo.

Antes de la plaga, la economía romana se había basado en la esclavitud. Después de la plaga, la oferta significativamente disminuida de esclavos obligó a los terratenientes a comenzar a otorgar parcelas a trabajadores nominalmente «libres», siervos que trabajaban en los campos del señor y, a cambio, recibían protección militar y ciertos derechos legales del señor.

Se plantaron las semillas de la Europa Feudal.

3.- La Peste Negra de la Edad Media

La peste negra (o peste bubónica) estalló en Europa en 1347 y posteriormente mató desde un tercio hasta la mitad de la población europea total de 80 millones de personas. Pero mató más que personas. Para cuando la pandemia se extinguió a principios de la década de 1350, había surgido un mundo claramente moderno, definido por el trabajo libre, la innovación tecnológica y una clase media en crecimiento.

Antes de que llegara la bacteria culpable (Yersinia pestis) en 1347, Europa occidental era una sociedad feudal que estaba superpoblada. La mano de obra era barata, los siervos tenían poco poder de negociación, la movilidad social estaba bloqueada y había pocos incentivos para aumentar la productividad.

Pero la pérdida de tantas vidas sacudió a una sociedad anquilosada.

La escasez de mano de obra dio a los campesinos más poder de negociación. En la economía agraria, también se alentó la adopción generalizada de tecnologías nuevas y ya existentes: el arado de hierro, el sistema de rotación de cultivos de tres campos y la fertilización con estiércol, todo lo cual aumentó significativamente la productividad. Más allá del campo, esto resultó en la invención de dispositivos que ahorran tiempo y trabajo, como la imprenta, bombas de agua para drenar minas y armas de pólvora.

A su vez, la libertad de las obligaciones feudales y el deseo de ascender en la escala social animó a muchos campesinos a trasladarse a las ciudades y dedicarse a la artesanía y el comercio. Los más exitosos se volvieron más ricos y constituyeron una nueva clase media. Ahora podían permitirse más artículos de lujo que solo podían obtenerse más allá de las fronteras de Europa, y esto estimuló tanto el comercio de largas distancias como el desarrollo de barcos de tres mástiles, más eficientes y necesarios para participar en dicho comercio.

La creciente riqueza de la nueva clase media también estimuló el patrocinio de las artes, la ciencia, la literatura y la filosofía. El resultado fue una explosión de creatividad cultural e intelectual, lo que ahora llamamos el Renacimiento.

Nuestro futuro presente

Nada de esto es argumento de que la pandemia en curso de COVID-19 tendrá resultados igualmente devastadores. La tasa de mortalidad de COVID-19 no se parece en nada a la de las plagas discutidas anteriormente y, por lo tanto, las consecuencias pueden no ser tan sísmicas.

Pero hay algunos indicios de que sí podría serlo.

¿Los torpes esfuerzos de las «sociedades abiertas» de Occidente para enfrentarse al virus destrozarán la fe ya vacilante en la democracia liberal, creando un espacio para que otras ideologías evolucionen y se metastaticen?

De manera similar, el COVID-19 puede estar acelerando un cambio geopolítico ya en curso en el equilibrio de poder entre Estados Unidos y China. Durante la pandemia, China ha asumido el liderazgo mundial en la prestación de asistencia médica a otros países como parte de su iniciativa «Ruta de la Seda Sanitaria«. Algunos argumentan que la combinación del fracaso de Estados Unidos a la hora de liderar, y el relativo éxito de China en tomar el relevo, bien puede estar impulsando el ascenso de China a una posición de liderazgo mundial.

Finalmente, el COVID-19 parece estar acelerando el desmoronamiento de patrones y prácticas de trabajo establecidos desde hace mucho tiempo, con repercusiones que podrían afectar el futuro de los edificios de oficinas, las grandes ciudades y el transporte público, por nombrar solo algunos. Las implicaciones de este y otros acontecimientos económicos relacionados pueden resultar transformadores tan profundos como los desencadenados por la Peste Negra en 1347.

En última instancia, las consecuencias a largo plazo de esta pandemia, como todas las pandemias anteriores, son simplemente desconocidas para quienes deben soportarlas. Pero así como las plagas pasadas nos dieron el mundo que habitamos actualmente, también esta plaga probablemente rehaga el que poblarán nuestros nietos y bisnietos.