A quince años de la primera destrucción de libros del Siglo XXI

Mushin Hasan, entonces subdirector del Museo Nacional de Irak, llora tras la destrucción y el saqueo a raíz de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003. Mario Tama / GETTY

Ensenada, Baja California. 24 de marzo de 2018 (Informe § Hokana).- El 20 de marzo de 2003 inició la invasión a Irak por parte de la coalición internacional dirigida por el gobierno estadounidense, a cargo del entonces presidente George W. Bush, a quien “Dios le pidió acabar con la tiranía“.

Una guerra ilegal condenada por las Naciones Unidas, el inicio de una masacre de más de medio millón de muertos que provocó tanto el surgimiento del Estado Islámico como récords históricos de suicidios entre los soldados norteamericanos.

Los propagandistas que hace 15 años transformaron la “guerra contra el terrorismo” en una guerra contra un país de Medio Oriente que nada tuvo que ver con la destrucción de las Torres Gemelas continúan impunes. Por ejemplo John Rorbert Bolton, quien valiéndose de una farsa descarada (la “sospecha” de que el gobierno iraquí poseía Armas de Destrucción Masiva) justificó la invasión.

Bolton no solo sigue impune sino que ha vuelto al poder como nuevo asesor de Seguridad Nacional del Presidente Trump.

Sin embargo, la esperanza (aunque mínima) de justicia aún existe. Algunos de los crímenes que Bush, Rumsfield, Bolton y compañía perpetuaron y/o facilitaron en Irak no prescribirán jamás.

Estos crímenes retumbarán en la conciencia humana durante siglos, quizá milenios en el futuro, porque atañen precisamente siglos, incluso milenios hacia el pasado. Se trata de actos descritos por Fernando Baéz (el destacado bibliotecólogo y autor de “Historia Universal de la Destrucción de los Libros“) como un verdadero genocidio cultural.

Las Fauces de la Historia

La Biblioteca Nacional de Iraq y su acervo irreemplazable fue destruido durante el saqueo desenfrenado y el incendio provocado que siguió a la llegada de las tropas estadounidenses a la capital iraquí: Bagdad. El Museo Nacional de Irak también sufrió daños graves y gran parte de su contenido fue robado, incluyendo tablillas con algunos de los primeros textos de la humanidad.

The New York Times reportó el 14 de abril de 2003 que prácticamente no quedaba nada de la biblioteca ni de sus decenas de miles de manuscritos y libros antiguos, tampoco sobrevivió la hemeroteca, con periódicos iraquíes que trazaban la turbulenta historia del país desde la era otomana hasta el gobierno de Saddam Hussein. Las salas de lectura y las pilas donde se guardaban las colecciones se redujeron a columnas humeantes y escombros ennegrecidos.

La biblioteca contenía una gran cantidad de los primeros libros impresos en árabe, tan raros como frágiles, explicó Geoffrey Roper, jefe de la Unidad de Bibliografía Islámica de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, en un testimonio recogido por The Independent el 16 de abril del 2003. También se perdió material de la biblioteca del Ministerio de Dotaciones Religiosas, que contenía raros textos legales y literarios, ejemplares del Corán invaluables, caligrafía muy antigua, el tipo de cosas que “aparecía en las exposiciones internacionales”, explicaba Roper.

Un testigo presencial, el laureado periodista Robert Fisk, describió la escena: “Primero vinieron los saqueadores, luego vinieron los pirómanos. Fue el capítulo final en el saqueo de Bagdad. La Biblioteca Nacional y los Archivos, un tesoro invaluable de documentos históricos otomanos se convirtieron en cenizas a 3,000 grados de temperatura”.

The Associated Press informó el 12 de abril que la biblioteca de la Universidad de Mosul, con sus raros manuscritos, también fue saqueada; “a pesar de los llamados en las mezquitas para que se detuviera la destrucción”.

La quema de la Biblioteca y el Museo Nacional “encendieron las pasiones” contra las tropas estadounidenses por su falta de intervención, afirmaba el New York Times, y numerosas organizaciones culturales, incluida la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos, emitieron declaraciones deplorando las pérdidas.

Tal y como escribió Baéz en noviembre de 2004:

“Es sorprendente, y lo digo con la mayor malicia del caso, que la primera destrucción de libros del siglo XXI haya ocurrido en la nación donde tuvo lugar la invención del libro en el año 3,200 a.C.”

Pero el horror del genocidio cultural no se detuvo con la destrucción del papel.

El periodista José Steinsleger denunció en La Jornada: “El Pentágono ha gastado 3 mil millones de dólares en crear los ‘escuadrones de la muerte’ que podrían estar detrás de los asesinatos de docentes”. El Comité de Solidaridad con Irak del Tribunal Bruselas dio cuenta de la tortura y el homicidio de al menos 141 profesores de diversas instituciones y centros de enseñanza: Universidad de Bagdad, Universidad al-Mustansiriya, Universidad al Bahrein, entre muchos otros centros académicos.

Dick Adriansens, explicaba en el reporte del comité: “El personal universitario iraquí está desesperado”. La lista (que ha desaparecido del sitio oficial en Internet) incluía decanos, biólogos, sociólogos, médicos, historiadores, filólogos, físicos, ingenieros, pediatras, lingüistas, geógrafos, economistas, educadores y científicos nucleares cruelmente asesinados, degollados o simplemente desaparecidos para que no pudieran colaborar con el nuevo “gobierno democrático de Irak”.

 

Fuentes:

American Libraries Magazine (2003, 21 de abril). Iraq National Library Looted, Destroyed.
Recuperado de: https://americanlibrariesmagazine.org/iraq-national-library-looted-destroyed/

The Independent (2003, 14 de julio). Academics targeted as murder and mayhem hits Iraqi colleges.
Recuperado de: https://web.archive.org/web/20061230085607/http://www.robert-fisk.com/articles414.htm