El petróleo de Venezuela: conflicto geopolítico entre EU y la alianza Sino-Rusa

Lago de Maracaibo, Venezuela

Ensenada, Baja California. 29 de julio de 2017 (Informe § Hokana).- No se puede negar que Venezuela está en crisis. Aunque la mayoría de la opinión pública es consciente de las protestas violentas, la escasez de alimentos y la represión gubernamental contra los manifestantes de la oposición, son pocos los que están al tanto de que la oposición usa tácticas ilegales y terroristas, así como del papel de los Estados Unidos financiando las fuerzas de esa supuesta oposición “democrática”.

El interés de Estados Unidos en este país caribeño no es nuevo. De hecho, EU ha ido ocupando desde hace mucho tiempo diversos puntos estratégicos de la región: en 1898 se anexaron Puerto Rico, el Canal de Panamá estuvo bajo su administración hasta los acuerdos Carter-Torrijos, en 1983 invadieron la Isla de Granada con el pretexto de “acabar con el caos” y restaurar la democracia, la base de Guantánamo (en territorio cubano) está ocupada desde 1902 y los marines operan a sus anchas en las islas de Aruba y Curazao (Antillas Holandesas), pese a que allí ondean banderas europeas.

Más increíble aún, son los más de 100 años de ocupación encubierta en Haití. En palabras de un ex embajador de Estados Unidos: “la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) es una herramienta indispensable para llevar a cabo los principales intereses políticos del Gobierno de los Estados Unidos”.

Mare Nostrum

Fuente: lycée sección española

La ocupación del Mar Caribe como estrategia esencial para EU tiene su origen teórico en las ideas de Alfred Mahan (1840-1914), un historiador y estratega naval estadounidense de gran influencia en los estudios de la geopolítica. Su pensamiento se centró en la superioridad marítima y fue producto del análisis del poderío del Imperio Británico, la potencia mundial dominante en su época.

Mahan se dio cuenta de que el poder naval de Inglaterra se centraba sobre tres principios: (1) El poder marítimo se construye sobre un comercio exterior próspero gracias a una poderosa marina mercante, (2) misma que es defendida por una marina de guerra dimensionada de modo acorde; y (3) ambas cuentan con bases marítimas para sus navíos (civiles y militares) en las colonias (países extranjeros) que aportan materia prima.

Con el objetivo de conseguir un poder similar al del entonces imperio dominante en el mundo, Mahan aseguraba que era imprescindible la conexión entre las dos costas de EU: el Atlántico y el Pacífico, a través del Canal de Panamá. Y no sólo eso; como elemento clave de su propuesta geopolítica, Mahan pugnaba por un férreo control sobre el Gran Caribe (que incluye al Golfo de México, actualmente llamado en forma “burlona” Golfo de América por algunos políticos estadounidenses), espacio geográfico que calificaba como equivalente al Mar Mediterráneo para el Antiguo Imperio Romano, el “Mare Nostrum” Norteamericano.

Chávez y su diversificación

La disputa por el Mar Caribe estadounidense causó problemas a los gobiernos latinoamericanos y caribeños durante todo el siglo XX. Los gobiernos más dóciles decidieron someterse a los designios de Washington (el dependiente comercio exterior de México o las bases militares en Colombia, son dos ejemplos) y asumir el papel de colonias que aportan la materia prima de forma exclusiva a Estados Unidos y/o ceden su soberanía permitiendo las presencia de militares extranjeros, tal como lo planteó Mahan. Pero naciones como Venezuela (que por cierto posee las mayores reservas de petróleo probadas del mundo) con el fallecido presidente Hugo Chávez, y su sucesor, Nicolás Maduro, decidieron tomar un rumbo distinto.

Cuando Chávez entró en funciones en 1999, entendió que dejar de vender petróleo crudo (materia prima) a Estados Unidos sería el primer paso para provocar una invasión de Norteamérica. Para EU, el flujo del crudo latinoamericano a su país era cuestión de seguridad nacional (es por eso que presionaron a México para crear una reforma energética de acuerdo a los designios de la Secretaria de Estado norteamericana). Así que sin dejar de suministrar crudo a EU, Chávez comenzó a diversificar poco a poco a los socios comerciales de Venezuela.

Bajo el gobierno de Chávez, Venezuela formó la primera “asociación de desarrollo estratégico” con China en las Américas, que se convirtió en una “asociación estratégica integral” más de una década después.

Cuando el presidente Maduro llegó al Palacio de Miraflores, el comercio con China se había multiplicado, llegando a 15,700 millones de dólares en 2014, convirtiendo a China en el segundo socio comercial (después de Estados Unidos) para Venezuela. El presidente chino Xi Jinping culminó su visita del 2017 en Venezuela con la promesa de invertir otros 2,700 millones de dólares a través de 22 proyectos distintos que abarcan tanto el sector energético, como la vivienda, la ciencia y la cultura.

Pero las relaciones que realmente preocupan a Washington dentro de Venezuela son las rusas. El gobierno de Maduro está armado gracias a Rusia. Entre 2005 y 2013, Venezuela fue el mayor comprador de armas rusas en América Latina y el valor estimado de las negociaciones de armas entre Rusia y Venezuela es de alrededor de 12 mil millones de dólares.

Cabeza de playa para Rusia

La alianza ruso-venezolana no solo es armamentística, también petrolera. El gobierno de los Estados Unidos ha reaccionado dictando sanciones económicas contra el país caribeño y financiando a la oposición venezolana, como lo demuestra la introducción de un proyecto de ley en el Senado de los Estados Unidos, dirigido en contra de diversos funcionarios del gobierno venezolano. El proyecto, titulado “Ley de Asistencia Humanitaria y Defensa de la Gobernabilidad Democrática de Venezuela” (S.1018), destina 20 millones de dólares a la oposición venezolana, que ya recibió entre 50 y 60 millones de dólares desde la elección de Chávez en 1998.

Pero hay una parte de la ecuación ruso-venezolana que verdaderamente complica el escenario para EU: incluso si el “régimen” de Maduro se derrumba bajo el peso del sabotaje norteamericano, Rusia podría ser la gran beneficiada. La petrolera estatal venezolana PDVSA está al borde del colapso. Si bien esto normalmente sería una buena noticia para aquellos que buscan ver la Venezuela de Maduro en ruinas, hay un serio problema que está causando pánico en Washington. Tal como indica el texto del S.1018, si PDVSA incumple pagando su deuda con Rosneft (compañía estatal rusa de petróleo y gas), el acuerdo ruso-venezolano estipula que una parte sustancial de las acciones de PDVSA pasarían a formar parte de Rosneft.

Lo que significa que Rusia se haría con el control de las mayores reservas de petróleo del mundo. Es así que en medio de la crisis y la incertidumbre en el país caribeño, Rosneft asegura descaradamente que pase lo que pase nunca se irá de Venezuela. Por si fuera poco, uno de los préstamos de Rusia a Venezuela llegó con la condición de que PDVSA ofreciera como garantía a Rosneft una participación de 49,9% en la empresa refinadora Citgo, que opera en Estados Unidos, pero como filial de PDVSA y propiedad de Venezuela.

Como indica claramente el texto del S.1018, Citgo (es decir PDVSA, es decir Venezuela) “controla infraestructura energética crítica en 19 estados de EU“.

Guerra Fría 2.0

Esta situación ha provocado alarma en el gobierno estadounidense, que no quiere que Rusia tenga participación en los activos estadounidenses porque “supondría una violación de las sanciones económicas existentes contra Rusia”.

El actual presidente, Donald Trump, amenazó con imponer “acciones económicas fuertes” a Venezuela, a menos que el presidente Nicolás Maduro aborte sus planes de llevar a cabo la “Constituyente“. Tales sanciones, que podrían incluir la prohibición de las importaciones de petróleo desde Venezuela, en realidad están dirigidas a destruir el modelo de negocio de Citgo y amenazan la propiedad venezolana (o eventualmente rusa) de la empresa.

Aunque Rusia y Venezuela disfrutan de una alianza política, Rusia ya ha tomado medidas debido a una deuda impagada. En abril pasado, una compañía naviera estatal rusa incautó 30 millones de dólares de petrolero venezolano.

Para complicar más el cuadro, Venezuela ha firmado muchos de sus préstamos con su otro gran aliado, China, a través de un pacto de petróleo a crédito, lo que significa que el incumplimiento venezolano llevaría a que cantidades significativas de las reservas venezolanas también terminarían en manos chinas.

Parece poco probable que los Estados Unidos permita que sus dos mayores rivales en el mundo reclamen las mayores reservas de petróleo en el planeta, sobre todo cuando se encuentran en las orillas de su “Mare Nostrum”.

Operación América Unida

Además de financiar la oposición contra Maduro, en noviembre de 2017, Estados Unidos encabezará un ejercicio militar multilateral en Sudamérica que implicará la instalación de una base militar “temporal” en la triple frontera compartida por las otras naciones participantes: Perú, Brasil y Colombia. La llamada Operación América Unida, dará a los Estados Unidos la “oportunidad” de centrarse en la situación política de Venezuela. Además, como informó Telesur, el presidente Donald Trump ya se ha reunido con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, para discutir los intereses de Estados Unidos en Venezuela. El presidente colombiano, debemos recordar, se ha mostrado dispuesto a integrarse a la OTAN, la Organización del Tratado de Atlántico Norte, creada a mediados del siglo pasado para “organizar a Europa” frente a la amenaza que en su momento constituía la Unión Soviética.

Con la financiación estadounidense de la oposición venezolana y la preparación para dirigir un simulacro militar multinacional en las proximidades de Venezuela: ¿Se está estableciendo el terreno para otra “Guerra Civil” como las de Siria o Ucrania, que evolucione en otra Guerra Proxy (o subsidiarias) entre Estados Unidos y Rusia?

Si la oposición financiada por Estados Unidos en Venezuela venciera en una “guerra civil” y tomara el control tras la derrota del actual gobierno chavista, probablemente el nuevo gobierno “democrático” negaría a Rusia y China su prometida garantía de petróleo venezolano; evidentemente el mayor beneficiario sería Washington. Por otro lado es muy improbable que Rusia y China (que han formado una alianza de alcance estratégico) olviden los miles de millones de dólares en petróleo que Venezuela les debe, si acaso un eventual régimen títere respaldado por el gobierno estadounidense se negara a pagar.

De cualquier manera, la crisis de Venezuela podría encontrarse muy pronto en una fase de conflicto similar al de Siria o Ucrania: una guerra de poder entre los Estados Unidos y Rusia que podría causar aún más daño al país latinoamericano.

Fuentes:

Anti-Media (2017, 23 de mayo). Will Venezuela Be The Battleground In The Next U.S.-Russia Proxy War?. Recuperado de: http://theantimedia.org/venezuela-us-russia-proxy-war/

Red Voltarire (2006, 30 de abril). Para la flota de Estados Unidos el Caribe también es suyo, como el “Mare nostrum”. Recuperado de: http://www.voltairenet.org/article138379.html

Universidad Complutense de Madrid (2013). Mahan y la geopolítica. Recueprado de: https://revistas.ucm.es/index.php/GEOP/article/viewFile/46355/43575

El Economista (2017, 20 de julio). Rosneft y PDVSA buscan cambiar colateral en Citgo por acuerdos petroleros. Recuperado de: http://eleconomista.com.mx/industria-global/2017/07/20/rosneft-pdvsa-buscan-cambiar-colateral-citgo-acuerdos-petroleros