Nippon Kaigi: «La Conferencia de Japón» Rumbo a Una Nueva Era Imperial

Entrenamiento de Karate en el patio del Castillo Shuri, Okinawa, 1938


Ensenada, Baja California. 31 de octubre de 2019 (Informe § Hokana).-  El emperador japonés Naruhito fue entronizado formalmente en 2019. Tres míticas ceremonias marcan la sucesión del Trono de Crisantemo, la monarquía más antigua de entre las que aún reinan en esta Tierra. A medida que el caos del Brexit continúa paralizando a Gran Bretaña, los chalecos amarillos marchan en Francia por enésima vez, una guerra civil larvada evoluciona en la política estadounidense, Chile se rebela por fin contra el modelo neoliberal, y las protestas sinófobas sacuden la ciudad china de Hong Kong; Japón nuevamente ofrece un ejemplo de estabilidad política y social.

Desconocido para la mayoría del «mundo occidental», una sola causa parece galvanizar la protesta callejera en el Japón. En 1995, tres miembros del personal de la base militar norteamericana en Futunema, al sur de Okinawa, violaron a una niña japonesa de 12 años (similar o peor a los incidentes en Colombia).

Esto provocó manifestaciones masivas y el eventual «cierre» de dicha instalación. Desde entonces, decenas de miles de personas protestan cada año por la salida definitiva de las tropas norteamericanas. Una de las manifestaciones más numerosas juntó cerca de 70 mil personas en el 2018.

Una Nueva Era

En el sintoísmo (la religión originaria y dominante en Japón) se cree que la dinastía imperial es descendiente de la Diosa del Sol, Amaterasu. La deificación del líder (similar al concepto mesoamericano del Kuhul AhauSeñor Divino en el mundo maya) es distintiva al concepto de la monarquía tradicional europea, donde el rey es un simple mortal.

A pesar de la «secularización» impuesta por la ocupación estadounidense (en la constitución japonesa de la posguerra se declara que el emperador ya no es un dios, solo humano), el Trono de Crisantemo todavía significa para los japoneses mucho más de lo que representa la corona del monarca constitucional para un occidental. Incluso el calendario tradicional nipón gira en torno a la vida del emperador reinante; en dicho sistema, a partir del 1 de mayo 2019 ha comenzado el primer año de la era Reiwa (hermosa armonía / 令和)​, el primer año del emperador Naruhito, un nuevo ciclo histórico autóctono (fenómeno similar al uso de la cuenta larga en Mesoamérica, que en el año 2012 fascinó al mundo entero).

Imperio y Alianzas

La nueva era comienza con el evento de política internacional más importante para el país asiático en medio siglo: la promesa de un acuerdo de paz entre el presidente ruso, Vladimir Putin y el primer ministro japonés, Shinzo Abe; acuerdo que daría fin al conflicto conocido en occidente como «Segunda Guerra Mundial», una guerra que oficialmente no ha terminado entre las dos naciones. La popularidad del presidente japonés está por los cielos, cuando en los medios de comunicación se ha filtrado que Moscú estaría dispuesta entregar a Tokio hasta dos de las cuatro islas Kuriles (conocidas en japonés como «Chishima rettō» / 千島列島), ocupadas por los soviéticos en la guerra y ahora reclamadas como territorio de Japón.

Las llamadas «Fuerzas de Autodefensa» (Japón no cuenta con un ejército «oficial») ya están, de facto, listas para una nueva etapa de expansión militar; o al menos eso aseguran los expertos. Vyacheslav Zimonin, investigador del Centro de Estudios Japoneses en el Instituto de Estudios del Lejano Oriente en la Academia de Ciencias de Rusia asegura:

«No son fuerzas de autodefensa, son fuerzas reales, un ejército poderoso, que numéricamente es más grande que cuando Japón entró a la Segunda Guerra Mundial. Es una fuerza armada de verdad, equipada con armas modernas: en el ejército, en la aviación y en la flota».

De manera sorprendente, Katsutoshi Kawano, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas de Autodefensa, aseguró en 2018 que Japón está dispuesto a desarrollar relaciones en materia de defensa con Rusia, luego de una reunión con el ministro ruso de Defensa.

Nippon Kaigi

A pesar de la presencia norteamericana, de los pacifistas, los liberales y el trauma de la derrota (y de las «victorias») durante la Segunda Guerra Mundial, se han desarrollado instituciones que buscan el retorno del poder imperial japonés. Una de las organizaciones más famosas de este tipo es la organización Nippon Kaigi, que traducido al español es «La Conferencia de Japón».

Se trata de una organización político-religiosa tradicionalista, que incluye parte de la élite política tradicionalista del Japón moderno, así como «Shinsokus» (sacerdotes sintoístas) influyentes.

La agenda teopolítica de Nippon Kaigi coincide totalmente con la mayoría de los pasos recientes del gobierno japonés en relación al elevado perfil del emperador y de las fuerzas armadas. De acuerdo a Zimonin:

«La organización fue fundada en 1997 y ha establecido su objetivo principal: la restauración de la soberanía (imperial) del Japón».

Naturalmente, la presencia militar de Estados Unidos en Okinawa no está incluida en los planes de esta influyente organización.

Geopolítica del Pacífico

Irónicamente, Rusia es una de las pocas potencias regionales que está interesada en fortalecer la soberanía de Japón y su retorno como una potencia fuerte e independiente (de Estados Unidos) en el Pacífico.

Al mismo tiempo, Japón (a diferencia de China) no representa una amenaza expansionista en el lejano oriente ruso, y puede actuar como un proveedor (y contrapeso a China) como proveedor de alta tecnología e inversión para Rusia.

Desde el punto de vista de Moscú, convertir a Japón en un país «menos aislado» en Asia-Pacífico es un escenario que beneficia también a Tokio (frente a la eventual unificación de las dos Coreas o incluso frente al ascenso de la India, cuyo crecimiento económico ya está eclipsando a todos los países de Asía). Además, el ascenso «soberanista» de Japón (con respaldo y/o eventual mediación rusa) sería menos «preocupante» para el gobierno de China (y un verdadero golpe para Estados Unidos), cuando desde Beijing también se añora que las bases militares norteamericanas estén fuera del Pacífico.

Este contexto explica los guiños constates a la posibilidad de un pacto «sin limites» (¿territoriales?), entre Rusia y Japón; lo que implicaría la eventual entrega por parte de Rusia de alguna(s) de las islas Kuriles a cambio (quizás) del cierre de la base estadounidense en Okinawa.

Fuego y Sangre

Curiosamente la «Joya de Okinawa», el antiguo Castillo Shuri, una fortaleza histórica y símbolo del poder Samurái en el sur del Japón antiguo, ardió hasta los cimientos en un incendio muy similar al de Notre Dame en octubre de 2019. Un «corto circuito«, sin heridos ni muertos.

No es la primera vez que el castillo es destruido. Durante la Batalla de Okinawa que finalizó en junio de 1945, EU arrasó con la estructura, marcando el verdadero inicio del fin de la guerra contra Japón y de la inevitable rendición nipona. El avance soviético ya rodeaba las Islas Kuriles y el bloqueo naval (y el bombardeo estadounidense contra civiles) asfixiaba a la población.

La «versión histórica» de que EE.UU. lanzó bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki para poner fin a la «necedad» japonesa difiere de la versión que la mayoría de los altos oficiales militares estadounidenses de la época reconocieron.

De acuerdo al portal Washington Post, un grupo de Estudio de Bombardeo Estratégico, asignado por el presidente Truman para estudiar los ataques aéreos contra Japón, produjo un informe que concluyó:

Sobre la base de una detallada investigación de todos los hechos y con el apoyo del testimonio de los dirigentes japoneses involucrados, el Estudio opina que Japón se habría rendido ciertamente antes del 31 de diciembre de 1945 y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945 incluso si las bombas atómicas no se hubieran lanzado, incluso si Rusia no hubiera entrado a la guerra, e incluso si no se hubiera planificado o contemplado ninguna invasión.

El general (y eventualmente presidente) Dwight Eisenhower (entonces comandante supremo de todas las Fuerzas Aliadas, y el oficial que creó la mayor parte de los planes militares de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial para Europa y Japón) afirmó:

Los japoneses estaban dispuestos a rendirse y no era necesario atacarlos con esa cosa horrible.

Aunque oficialmente la Unión Soviética y Estados Unidos eran aliados, cuando Berlín cayó en manos de Moscú, la carrera entre el Imperio «comunista» y el «capitalista» se había desatado, la Guerra Fría había comenzado y el lanzamiento de las bombas atómicas iban con dedicatoria a los soviéticos.

Como el historiador Martin Sherwin explica: la idea de que la bomba atómica ayudaría a que Rusia fuera «controlable» tanto en Asia como en Europa fue una consideración «estrechamente involucrada» en la descición de bombardear con armas nucleares a Japón.

El Retorno del Samurai

Las autoridades japonesas han prometido reconstruir el Castillo de Okinawa una vez más, y la restauración de los derechos y privilegios monárquicos (y msobre todo militares) parecen también inevitables para el Japón de la Era Reiwa. Pero estas promesas vienen acompañadas del rechazo a los valores individualistas y seculares de «occidente», cuando cambios a la constitución japonesa como eliminar el termino «individuo» (kojin / 個人), (impuesto por EU en la posguerra) y regresar al tradicional «personas» (hito / 人) están sobre la mesa como parte de los cambios para el nuevo Japón.

Mientras la globalización, el liberalismo y la secularización se siguen forzando a fuego y sangre en el caótico Siglo XXI; los movimientos «populistas», «conservadores» y «tradicionalistas» se fortalecen.

Habrá que permanecer atentos al surgimiento de un Japón más fuerte. En particular, desde la perspectiva de otras naciones «aliadas» a Estados Unidos (como México, países de Sudamérica e incluso Europa), cuyos respectivos procesos civilizatorios pueden implicar también el retorno del tradicionalismo popular, la religiosidad y por lo tanto una nueva teo-política verdaderamente soberana; es decir, algo semejante a lo que ahora se desarrolla en la monarquía más antigua del mundo. Japón puede aportar un incentivo o fuente de inspiración para mejorar la propia autonomía (incluyendo la militar) y liberarse de la larga y descarada (o a veces silenciosa) intervención extranjera en la periferia del decadente sistema-mundo unipolar.

Fuentes:

Geopolítica.ru (2016, 15 de julio). Japan is preparing to launcha new era. Recuperado de: https://www.geopolitica.ru/en/article/japan-preparing-launch-new-era

The Spectator (2019, 23 de octubre). A new emperor, a stable Japan. Recuperado de: https://spectator.us/new-emperor-stable-japan/