Millennials, una Generación Perdida

Por Annie Lowrey

Ensenada, Baja California. 29 de julio de 2020 (Informe § Hokana).- Hola, generación perdida. Los Millennials ingresaron a la fuerza laboral durante la peor recesión desde la Gran Depresión (1929). Cargados de deudas, incapaces de acumular riqueza, y atrapados en empleos sin beneficios ni futuro, nunca obtuvieron la seguridad financiera de la que disfrutaron sus padres, abuelos o incluso hermanos mayores. Ahora están entrando en sus años de máxima productividad en medio de un cataclismo económico más severo que la Gran Recesión del 2008, lo que prácticamente garantiza que serán la primera generación en la historia moderna de Estados Unidos en terminar más pobres que sus padres.

Es demasiado pronto para saber cómo es que esta avalancha de desempleo y bancarrota empresarial que está causando la nueva crisis de salud pública afectará a los diferentes grupos de edad, o cuánto de su ingreso y riqueza está perdiendo cada generación. Es demasiado pronto para saber cómo se recuperarán los diferentes grupos generacionales. Pero lo que sí sabemos es que los Millennials son muy vulnerables. Tienen cuentas de ahorro más pequeñas que las generaciones anteriores. Tienen menos dinero invertido. Poseen menos propiedades para hipotecar, alquilar o vender. Ganan menos dinero y es menos probable que tengan beneficios como permisos de enfermedad con sueldo. Tienen más de medio billón de dólares de deuda de préstamos estudiantiles para seguir pagando, así como deudas importantes de alquiler y del cuidado de sus niños (si es que los tienen) que se siguen venciendo.

Para agravar sus problemas, los Millennials son, por ahora, titulares desproporcionados del tipo de puestos que desaparecen más rápidamente: esta es una crisis laboral de jóvenes, de diversidad y de puestos contingentes; lo que significa desproporcionadamente «trabajos Millennials». Conforman la mayoría de los puestos de camareros, la mitad de los trabajos del sector restaurantero, y una gran parte de los puestos minoristas. También dependen en gran medida del trabajo a destajo y por proyecto, que se están evaporando a medida que la economía de consumo se detiene. Es una versión económica cruel de esa vieja broma neoyorkina: son puestos laborales horribles pero todos los jóvenes que tienen uno están siendo despedidos.

Los pocos datos que existen apuntan a un tsunami financiero para los trabajadores más jóvenes. En un nuevo informe, Data for Progress, encontró que un asombroso 52% de las personas menores de 45 años han perdido su trabajo, han sido despedidas o se les han reducido sus horas debido a la pandemia, en comparación con el 26% de adultos mayores a 45 afectados. Casi la mitad de los más jóvenes asegura que los pagos en efectivo que el gobierno federal está enviando a personas de ingresos bajos y medios, cubrirían solo una o dos semanas de gastos; en comparación con solo un tercio de los adultos mayores. Esto significa menos comida, nuevas empresas arruinadas y hogares perdidos. Significa precariedad del tipo «Gran Depresión» para los trabajadores en edad productiva pico del país más rico del mundo.

Las recesiones no son buenas para nadie, desde los bebés hasta los ancianos. Tampoco las pandemias. Los estadounidenses nacidos durante esta calamidad serán más propensos a tener bajo peso al nacer y en general a tener una salud deficiente, con efectos de por vida. Los niños no solo soportarán este trauma, manifestado en los meses perdidos de escolaridad, las nutrición deficiente, la volatilidad de la vivienda y el aumento del abuso; sino que lo llevarán consigo a lo largo de la vida. La Generación Z (o Centennial, sucesora de los Millennials) se está graduando durante la pandemia y su expectativa de vida disminuirá debido a la crisis, serán propensos a una mayor incidencia de enfermedades cardíacas, cáncer de pulmón, enfermedades hepáticas y sobredosis de drogas en las próximas décadas. También ganarán menos en el transcurso de sus vidas. Y en cuanto a los ancianos, son el grupo con mayor seguridad económica, pero enfrentarán las consecuencias más terribles para la salud.

Entre los adultos (incluyendo a la Generación X, predecesora de la Millennial) las noticias tampoco son buenas. Pero particularmente no son buenas para aquellos adultos más jóvenes que entraron en esta crisis ya vulnerables, frágiles, sobreendeudados y mal pagados. Los Millennials, quienes conservan cicatrices que no sanaron bien desde la Gran Recesión del 2008, heredaron una economía estructurada para fabricar precariedad para los jóvenes y para los pobres, los negros y los morenos, y para perpetuar la riqueza de los viejos blancos y adinerados.

En su mayoría, estos niños nacidos en las décadas de 1980 y 1990 se portaron bien: evitaron las drogas y el alcohol en la adolescencia. Fueron a la universidad en números récord. Buscaron trabajos estables y significativos, y carreras estables y significativas. No sirvió de mucho. Los estudios han demostrado que los trabajadores jóvenes que ingresan a la fuerza laboral en una recesión, como lo hicieron millones de Millennials, son los que absorben las grandes pérdidas iniciales, mismas que tardan años en desvanecerse. Cada aumento del 1% en la tasa de desempleo cuesta a los recién graduados un 7% menos en sus ingresos al comienzo de sus carreras, y hasta 2% de sus ingresos casi dos décadas después. Los efectos son particularmente agudos para los trabajadores con menos nivel educativo; aquellos que tuvieron menos ventajas al comenzar su vida laboral se atascan en salarios permanentemente bajos.

Mientras avanzaban por la primera década de los dosmiles, con una tostada de aguacate en la mano, los Millennials demostraron que las miserables estadísticas tenían razón. Durante la recesión del 2008, la mitad de los recién graduados no pudieron encontrar trabajo; la tasa de desempleo formal de los Millennials oscilaba entre 20 y 30 por ciento. Las altas tasas de desempleo, los bajos salarios y las trayectorias de ganancia estancada los persiguieron durante la siguiente década. Un importante estudio de Pew Research Center, encontró que los Millennials con un título universitario y un trabajo a tiempo completo estaban ganando en 2018 aproximadamente lo mismo que ganaban los miembros de la Generación X en 2001. Pero los Millennials que no terminaron ninguna educación superior o que nunca fueron a la universidad, eran más pobres que sus contrapartes de la Generación X e incluso que la Generación del Baby Boom (nacidos en la posguerra). El (de)crecimiento económico, en otras palabras, dejó a los Millennials acomodados nadando de muertito y a los más desfavorecidos, ahogándose.

Los malos salarios chocaron con una crisis de costo de nivel de vida y una gran carga de deuda estudiantil. Los precios de la educación superior crecieron un 7% anualmente durante los años ochenta, noventa y gran parte de los dos miles; mucho más rápido que la tasa general de inflación, dejando a los prestatarios del milenio con un promedio de $33,000 dólares en deuda. Peor aún: el rendimiento de esta inversión ha resultado dudoso, especialmente para los Millennials afrodescendientes. La ventaja salarial universitaria se ha erosionado en general, pero para los estudiantes negros, la riqueza que garantizaba un título universitario ha desaparecido por completo. Mientras luchan por pagar sus préstamos estudiantiles, millones de estadounidenses jóvenes también se han visto excluidos del mercado inmobiliario debido a la escasez de viviendas y a los altos precios. Boomers adinerados (la generación padre del millennial promedio) compró muchas casas e hizo imposible construir nuevas. Los millennials se vieron obligados a seguir alquilando, transfiriendo riqueza de las manos jóvenes a la de los viejos.

Todo esto, en conjunto, evitó que los Millennials tuvieran la oportunidad de construir el tipo de ahorros que las generaciones mayores lograron: amortiguadores financieros que ayudan a las personas a sobrellevar catástrofes, brindar apoyo a familiares enfermos o desafortunados, iniciar negocios, invertir en bienes raíces, o volver a la escuela. Al entrar en la crisis financiera de 2008, los de la Generación X tenían el doble de activos que los Millennials poseen hoy. Y en este momento, los nacidos bajo la letra X (1965-1979) tienen cuatro veces más activos y el doble de ahorros que los adultos más jóvenes.

Los Millennials se enfrentan además a una segunda recesión «única» en la vida de sus cortas carreras. La primera los puso en una mala trayectoria salarial de por vida, y los expulsó del mercado de activos y propiedades. La segunda agotará sus capacidades de buena paga justo cuando ingresan a sus años de ganancias máximas, con unos 20 millones de hijos que también dependen de ellos. No hay buenas noticias en las recesiones, y no hay buenas noticias en las pandemias. Para los Millennials, parece que nunca hay buenas noticias en lo absoluto.

Fuentes:

The Atlantic (2020, 13 de abril). Millennials are the New Lost Generation. Recuperado de: https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2020/04/millennials-are-new-lost-generation/609832/