Midsommar: paganismo, feminismo y el fascinante retorno del Terror Folklórico

Por Alan Gómez.

Ensenada, Baja California. 30 de septiembre de 2019 (Informe § Hokana). El portal The Baffler ha examinado las condiciones culturales y políticas que están impulsando el nuevo auge del subgénero cinematográfico conocido como «Folk Horor», generalmente (mal) trarducido como «Terror Rural».

Como destaca Baffler, la película esencial para entender esta corriente audiovisual es The Wicker Man (1973), que relata la pesadillesca misión de un policía (y ferviente cristiano) en su intento de descifrar la desaparición de una chica en una remota isla escocesa, un lugar donde la población está aislada (y muy unida) y practica extraños rituales paganos. El enemigo central, descubrimos al final, no es un un individuo o un ente singular; el enemigo es el pueblo y sus tradiciones.

Fuertemente influenciada por The Wicker Man, la película Midsommar ha llegado a las salas de cine en 2019 para relatarnos una historia similar. Un grupo de jóvenes milénicos arriban a una aldea perdida en medio del bosque escandinavo, donde un antiguo y terrorífico sistema de creencias sobrevive.

Aunque en Midsommar no existen demasiadas referencias al cristianismo (uno de los dos protagonistas se llama «Cristian» y hasta ahí), es evidente que los confundidos y desorientados jóvenes que quedan atrapados en la extraña comunidad son representantes del mundo «occidental» (y por lo tanto pos-cristiano), cuando su primer impulso es oponerse a los impresionantes ritos de sangre y eutanasia violenta (aunque al mismo tiempo se sienten atraídos por las drogas rituales y las curvilíneas mujeres suecas) de la comunidad pagana.

The Baffler apunta que el «Folk Horror» (termino que prefiero traducir como Terror Folklórico) se trata en realidad de «una ficción sobre el fracaso de la Ilustración (francesa)», es decir el fracaso de la «racionalidad». Dicho análisis es interesante; sin embargo, como los propios autores señalan, los sistemas de creencias tradicionales que se muestran en este tipo de películas no son necesariamente contrarios al pensamiento ilustrado (o a la racionalidad/modernidad); más bien significan un retorno al pensamiento mágico religioso que no solo es pre-moderno, sino incluso pre-cristiano.

En contraste con las películas de terror más convencionales que nos muestran villanos a través de una «cristianizada» dicotomía, donde nosotros (es decir los protagonistas) somos los «buenos» (o temerosos cristianos) y ellos (los monstruos, los villanos) son la encarnación del «mal» (o de Satán); el Terror Folklórico toma un camino distinto y nos invita a considerar la posibilidad de nuestra propia dualidad pagana, relativizando la bondad y la maldad (que en las culturas «primitivas» generalmente son presentadas como un solo ente, mezclado, casi hermafrodita). Los antiguos dioses han vuelto, los que «nuestro» pueblo adoraba con bailes y cantos pero también con ritos sexuales, sacrificios y drogas.

Así, en Midsommar somos partícipes de la disolución (no la destrucción) del «bien» y del «mal». Pero más importante aún, somos parte del (re)encuentro con el propio pasado mítico… así como de excitantes y sexuales ritos de magia (algo con lo que la religión cristiana no puede competir).

Como apunta Fernanda Solorzano, es un «juego infinito de espejos donde nadie se ofrece a ser la voz de la razón».

¿Pero es «la razón» ilustrada y científica, o es «la razón» cristiana (el «logos») lo que se ausenta de la trama de nuestras vidas? Da igual. Cualquiera de las dos, ya sea el racionalismo científico de la modernidad o lo que los teólogos cristianos llaman «el verbo encarnado», «la palabra meditada» son conceptos superados, «pasados de moda». Ya sabemos que no son definitivos, nada lo es. O al menos eso nos ha enseñado la posmodernidad y el multiculturalismo: nada es absoluto, la verdad es relativa, todo es cuestionable y cualquier meta-narrativa o discurso universal (católico significa «hacia lo holístico», hacia lo universal) debe ser rechazado como se rechaza el totalitarismo; simplemente por que todas y cada una de las religiones, culturas y manifestaciones del pensamiento (o manifestaciones sexuales) valen lo mismo y ninguna merece estar por encima de la otra. «Debemos tener la mente abierta», como explica el personaje de Cristian.

Ese es el miedo que resuena con el público amante del nuevo Terror Folklórico, obviamente; en esta era de noticias falsas y de pos-verdad, de crisis, migraciones y transformaciones; de pornificación y populismos, de tribalismos y supremacismos. Son esos los fenómenos que se están representando en pantalla, quizá sean las más viejas pesadillas humanas, más viejas que Satán: los demiurgos que empoderaban y al mismo tiempo atormentaban a nuestros antepasados.

¿»Razón», «Dios», «ciencia», «verdad», «recato», «voluntad», «moral» y «universalidad»? ¿Quién carajos necesita todo eso cuando eres joven y es posible bailar y tener sexo, beber sangre y hacer magia? Y todo bajo la protección de tu casta.

Recientemente la BBC reportaba que la religión «wica» (la brujería) ha estado ganando terreno entre la juventud milénica de Norteamérica; quizá un fenómeno cultural paralelo a la nueva ola feminista (cuyas representantes a veces se identifican abiertamente como herederas directas de las antiguas brujas), y más o menos paralelo también al crecimiento demográfico del culto a la Santa Muerte en México y entre los latinos de Estados Unidos. ¿Y parecido también a la expansión del nuevo ecologismo que avanza imparable como si se tratara de la «Iglesia de la Gretología (en honor a la niña sueca Greta Thunberg)?

Explica Solorzano que al terminar la función de Midsommar escuchó a una mujer referirse a una terrible escena orgiástica (de sexo y dolor) como algo «sublime y conmovedor», y un ejemplo de verdadera “sororidad (hermandad femenina)».

Cabe recordar que en el desparpajado remake (protagonizado por Nicolas Cage) de The Wicker Man en 2006, la secta pagana antagónica es matriarcal y más o menos mágico-ecologista, y que la extraordinaria cinta The VVitch (2015) fue celebrada por la crítica estadounidense como una película «salvajemente feminista«.

Vamos a necesitar más cursos universitarios (para una tesis antropológica quizás) de descolonización, interculturalidad y despatriarcalización en el cine de Terror Folklórico del Siglo XXI. ¿Suena bien, no? Suena mejor que tener hijos y bautizarlos. ¿O acaso no te gustaría estudiar un posgrado en otro país? ¿Viajar y ver el mundo? ¿Vivir deliciosamente?

Puede ser, puede ser; si tu pueblo, tu tribu o tu aquelarre te respaldan. Derrama sangre, pero que no sea tuya. Lanza un embrujo y sacrifica un niño, de preferencia antes de que nazca. Luego bailaremos, toda la noche, hasta que el último patriarca cristiano caiga. Y nos comeremos a nuestros muertos para salvar la Tundra y la Taiga. Desnudas y desnudos (los aliados) frente al fuego; en contra del Cielo y cerca del antiguo, de la luz más bella, cerca de quien sea que habite entre las llamas.

Wouldst thou like to live deliciously?