México, Cuba y Nicaragua: ¿Una Alianza Geopolítica Prohibida?


Ensenada, Baja California. 27 de julio de 2019 (Informe § Hokana).- Recientemente, el rumor (y el temor) de que médicos cubanos desembarquen en territorio mexicano se ha esparcido en ambos lados de la frontera norte.

Ante la urgente falta de médicos en México, el influyente portal libertario Panampost (con sede en Miami), alerta que el director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se ha reunido con el ministro de Salud Pública de Cuba para afinar los detalles del eventual reclutamiento de los médicos caribeños, todo bajo las órdenes del presidente López Obrador.

Aunque la administración obradorista ha negado la posibilidad de semejante acuerdo; para nadie es un secreto la simpatía del presidente mexicano por la historia política de Cuba. El actual mandatario ha defendido abiertamente el legado de Fidel Castro, e incluso nombró a uno de sus hijos en honor a Ernesto Guevara de la Serna, héroe de la revolución cubana.

Por su parte, la prensa en Miami y los opositores al gobierno de Obrador, obviamente aborrecen cualquier posibilidad de acercamiento o colaboración que el gobierno de Cuba pueda ofrecer a México.

En forma paralela (¿Y paradójica?), el anuncio de apoyo económico por parte de México para Centroamérica (un “Plan de Desarrollo Integral” que arranca con inversiones de 30 millones de dólares en El Salvador) como un primer paso hacia la solución de la enorme crisis migratoria regional, también ha generado críticas severas en los mismos medios, así como en la sociedad mexicana.

Antigua Capitanía

Ahora bien, el apoyo económico mexicano solo incluye inversiones para Guatemala, Honduras y El Salvador (el “triángulo norte”), y no contempla inversiones o colaboración del resto de Centroamérica, dejando fuera a Belice, Nicaragua, Costa Rica y Panamá; cuya realidad socio-económica y respectivos gobiernos (muy distintos entre sí) han asegurado mayor estabilidad local (incluso Nicaragua, envuelta en crisis política, expulsa menos población que los países del “triangulo”).

¿No sería más justo para los mexicanos que se oponen a “regalar” el presupuesto nacional a las naciones del sur, compartir la carga económica y/o de refugiados con las otras naciones centroamericanas?

¿No sería sensato, más allá de diferencias ideológicas y políticas, que Panamá (el mayor PIB per cápita de Latinoamericana), y Nicaragua (el país con menos homicidios de todo Centroamérica) se sumen, aportando de algún modo, al “Plan Integral” que promueve México?

¿No podrían algunos de esos países, desde sus propias experiencias y posturas políticas distintivas, fungir al menos como observadores políticos?

¿Y Cuba, y Haití? ¿Acaso México no ha recibido también a miles de refugiados provenientes de las islas más grandes del Caribe? ¿No es absurdo pensar en un plan “integral” que excluye a la mitad de los países centroamericanos y caribeños?

Es muy sencillo. Tanto la respuesta virulenta de la oposición “anti-comunista” en contra de la posible colaboración cubana, como la precavida exclusión de Panamá y Nicaragua en el plan “integral” de Obrador, tienen una razón de ser.

Y dicha razón es geopolítica.

Geoestrategia 101

No es fácil invadir México. Enormes desiertos que abarcan casi en su totalidad el norte del país forman una eficiente defensa natural ante cualquier invasión que provenga desde Norteamérica.

Más allá de su frontera sur, una cadena montañosa que conforma la cordillera centroamericana, también es una barrera natural que complica cualquier invasión potencial contra México desde Sudamérica.

La vía más eficiente de llegar a la capital es por el mar.

Esta reflexión es parte del reporte “La Geopolítica de México: Una Fortaleza Montañosa Asediada“, realizado por la reputada agencia de inteligencia “Stratfor” (Strategic Forcasting), el centro de pensamiento y análisis geoestratégico privado más importante de Estados Unidos (y una de las víctimas de las filtraciones del portal Wikileaks en 2012).

El análisis (filtrado como parte de la serie “Global Files”) ya puede consultarse de manera pública en el sitio oficial de Stratfor. La conclusión del reporte es que si México quiere alcanzar la verdadera “seguridad nacional”, debe ser capaz de defender ambas rutas oceánicas hacia su núcleo (no solo la capital, sino todo el Valle del Anáhuac).

Desde la perspectiva geoestratégica, ambos océanos son importantes, el Pacífico y el Atlántico. Pero particularmente este último, que se conecta al núcleo vía el Golfo de México (donde el puerto crucial es el de Veracruz), ruta histórica de las invasiones militares de España, Estados Unidos y Francia, los tres países extranjeros que han logrado penetrar la costa y conquistar la capital.

Ahora bien, el control mexicano de ambas rutas oceánicas se puede alcanzar mediante un proceso dividido en dos fases. La primera es la más sencilla: posicionar defensas en las penínsulas de Baja California y de Yucatán (el México moderno ya ha logrado esto). La segunda fase es más complicada: hacer lo mismo en Cuba (y hasta en La Florida). El análisis de Stratfor es lapidario: sin control o presencia en alguno de estos territorios, “México no tiene más remedio que asumir una relación de subordinación con Estados Unidos”.

Por si fuera poco, de acuerdo con Stratfor, no solo Europa y Estados Unidos representan una amenaza. “En el futuro, el aumento de la capacidad naval brasileña podría plantear otro desafío para México en el Caribe”, asegura el reporte, escrito más de una década antes del despliegue de los militares brasileños en Haití (como parte de las “fuerzas de paz” de la ONU) y del giro que significó la llegada del presidente brasileño Jair Bolsonaro, quien ha tomado una postura política (¿Y eventualmente militar? ) más agresiva respecto a Cuba y Venezuela.

La Cruz del Caribe

La importancia geopolítica de Cuba es incomparable. Como explica el analista Andrew Korybko, la nación isleña se encuentra en la encrucijada de tres cuellos de botella, por lo que otras potencias (como Rusia en la Guerra Fría y China en la actualidad) pueden aprovechar esto para menoscabar de manera peligrosa la estabilidad de EU en su propio “patio trasero”.

Esto explica eventos históricos en la violenta relación de Cuba y EU, desde la invasión en Bahía de Cochinos, la “crisis de los misiles“, hasta el por qué la nación norteamericana continúa haciendo todo lo posible para evitar que Cuba ejerza una política exterior propia.

Para que sea más fácil de entender, analizaremos los puntos clave de la geopolítica caribeña, centrándonos en los que más conciernen a México (dejaremos de lado el resto de las zonas vitales como el protectorado estadounidense Puerto Rico, y otras regiones como las Antillas Holandesas o la Guyana Francesa, donde a la fecha ondean banderas europeas).

Aquí hay una representación cartográfica de la importancia estratégica de Cuba, la “llave del Caribe”.

  1. Canal de Yucatán. Conecta el Golfo de México con el Mar Caribe. Aunque la frontera marítima divide el canal entre aguas territoriales mexicanas y cubanas, ni la nación azteca ni la isleña controlan eficientemente la región. Como muestra, el canal representa el paso de hasta 75% de la droga que viaja de Sudamérica a Norteamérica (uno de los temas clave en la cada vez más volátil relación bilateral entre EU y México). Pero no solo el narcotráfico domina esta región; más de 50% de todas las exportaciones marítimas de EU atraviesan esta vía (desde las costas estadounidenses del Golfo de México) rumbo a los mercados internacionales. Y antes del boom del gas esquisto (o fracking) que le ha permitido cierta independencia energética a EU; los cargueros petroleros provenientes de la Cuenca de Maracaibo (región venezolana con las mayores reservas probadas del mundo) cruzaban la misma ruta pero en dirección opuesta, atravesando el canal hasta para llegar a las refinerías norteamericanas de las grandes ciudades petroleras cercanas a las costas del Golfo como Houston, Texas.
  2. Estrecho (y Península) de Florida. Conecta el Océano Atlántico con el Golfo de México. El control absoluto sobre el estrecho por parte de EU fue alcanzado gracias a la victoria contra España en la Guerra Hispanoamericana de 1898, y con la consecuente ocupación de Cuba que duraría hasta el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959.
    EU aún controla el paso patrullando el Archipiélago de las Lucayas, que comprende a las Bahamas y las Islas Turcas y Caicos (territorios británicos de ultramar). A la fecha es la ruta más usada por los “balseros” (migrantes) cubanos hacía EU. Es por esto que Florida es clave para cualquier candidato presidencial estadounidense. De la misma forma que el Estado de California (el más poblado de EU) se ha (re)mexicanizado, la comunidad cubana en el Estado de Florida (el 4°to más poblado) es dominante demográfica y políticamente. Luego del colapso de la Unión Soviética, cuando EU intentó proyectar su poder en toda Latinoamérica a través de la doctrina económica neoliberal (siendo el TLCAN el primer paso), Florida estaba destinada a ocupar un lugar destacado en la construcción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), acuerdo que finalmente fue sepultado por el presidente de Venezuela (aliado estratégico de Cuba) en 2005.
  3. Paso de los Vientos. Está formado por la estrecha distancia entre Cuba y Haití. Esta vía constituye la ruta más rápida desde el puerto de Nueva York hasta el Canal de Panamá, y por lo tanto hacia la costa oeste de EU (y en general al Océano Pacífico), donde la ciudad de San Diego (por su base naval) tiene mayor importancia geoestratégica. Controlar este paso es vital y es por esta razón que EU mantiene la base militar de Guantánamo en la costa oriental de Cuba, cuyo cierre (una de las promesas incumplidas del ex-presidente Obama) es improbable en el corto y mediano plazo. Del otro lado del “paso” está Haití: el primer país independiente en toda Latinoamérica, y que paradójicamente se ha transformado en un verdadero Estado-Fallido, la verdadera catástrofe en el Caribe: luego del golpe de Estado contra el presidente Jean-Bertrand Aristide en 2004, una gran crisis política desencadenó el crimen, el narcotráfico y un éxodo en el país afrocaribeño (que tiene los índices de hambruna más altos del continente). Por México han transitado hasta 20 mil refugiados haitianos.
  4. Istmo de Tehuantepec, Canal de Nicaragua y Canal de Panamá. Los tres tienen el potencial de conectar el Atlántico con el Pacífico, aunque solo el canal panameño ha funcionado eficientemente como canal inter-oceánico, oficialmente bajo control estadounidense hasta la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977. Desde entonces, la presencia norteamericana en el Canal de Panamá parece estar diluyéndose (aunque Estados Unidos intervino militarmente en 1989). China está aprovechando la actual coyuntura para aumentar su influencia en el país centroamericano (como en su momento lo intentaría Japón), invirtiendo en proyectos de infraestructura como la construcción de un puerto en las costas panameñas del Pacífico. Curiosamente, inversionistas chinos se habían mostrado interesados en desarrollar el Canal de Nicaragua (un proyecto que competiría directamente con el panameño al conectar el Pacífico al Caribe), pero el país asiático ha dejado atrás el plan nicaragüense (que ahora mismo naufraga) luego de que Panamá aceptara sumarse a la iniciativa de la “Nueva Ruta de la Seda”. La reacción estadounidense aún está por verse. Mientras tanto, en territorio mexicano, el presidente Obrador ha propuesto un ambicioso plan para convertir a México en guardián de otro paso estratégico que conecte los dos océanos del continente (en este caso no sería a través del Caribe sino del Golfo de México), aportando valor económico (no necesariamente estratégico) tanto a México como a EU (y sus ciudades en el Golfo). El canal no sería marítimo sino un “Corredor Multimodal Interoceánico“, es decir una vía ferroviaria para el Istmo de Tehuantepec. Obrador se ha negado cautelosamente a cualquier posibilidad de inversión extranjera, tanto asiática, como anglosajona,

La llave de las Américas

Si trazamos las rutas marítimas descritas en este análisis, es evidente que Cuba y sus “cuellos de botella” son la llave continental; donde el primer punto clave para una nueva visión estratégica de México es el Canal de Yucatán.

La implementación de operaciones navales conjuntas (y continuas) en dicho espacio marítimo, convertiría a la eventual alianza México-Cubana en el escudo que finalmente logre controlar el tsunami de drogas colombianas que azotan Norteamérica, cuya crisis de narcóticos deja decenas de miles de muertos (por sobredosis en EU y en la guerra “contra el crimen” de México) cada año. Potencialmente esto beneficiaría a las tres naciones. Sin embargo, semejante colaboración naval, convertiría a México y a Cuba en los guardianes de una de las rutas comerciales más importantes para EU, algo que los estrategas norteamericanos no se pueden permitir.

Cabe destacar que Cuba y sus “Comités de Defensa de la Revolución” han logrado convertir a la isla en uno de los países más seguro del Caribe, una valiosa experiencia que, como la de los médicos cubanos, siempre será rechazada fanáticamente por la oposición “anti-comunista” en México y en Miami.

El entonces presidente cubano, Raúl Castro, quien siempre habló de los lazos “indestructibles” entre Cuba y México, advertía que desde 2008 estaba dispuesto a colaborar con el gobierno mexicano para tratar de frenar la tremenda crisis de violencia.

Década Perdida

Esta “guerra sin nombre”, desatada en México por el ex-mandatario Felipe Calderón para legitimar su débil figura presidencial, ha durado más de una década y no se detendrá jamás sin el control de todo el “Gran Caribe“, y esto incluye a Centroamérica, una región que al igual que México, es corredor de narcotráfico hacía EU, pero también de extorsiones, secuestros y explotación sexual por parte de las pandillas y los cárteles que han “diversificado” sus actividades (una consecuencia más de la absurda guerra calderonista).

El actual presidente, López Obrador, ha entendido que la colaboración regional es esencial. Su objetivo, a través de un “Plan Marshall” para Centroamérica, es generar “zonas de desarrollo” que brinden alternativas económicas, y de esta forma asegurar que el bono demográfico (la población centroamericana, igual que la mexicana, es juvenil) no continúe sumándose a las mafias supranacionales.

Este nuevo papel de liderazgo que México comienza a asumir en la región podría transformarse en una estrategia más asertiva, expandiendo la esfera de influencia mexicana en Centroamérica con la gestión conjunta de grandes proyectos de infraestructura, implementando jugadas geopolíticas impensables para un país de “tercer mundo”; por ejemplo, invertir (también) en el canal de Nicaragua.

Escenario A y B.

Aunque esto puede sonar demasiado ambicioso, o fuera de lugar en el contexto que vive México actualmente; la realidad de la enorme crisis centroamericana y caribeña, tarde o temprano obligará a las autoridades mexicanas a generar soluciones de desarrollo que se sostengan a largo plazo.

Imitar el éxito económico del Canal Panamá, es algo que México ya está haciendo en su propio territorio con el proyecto Tehuantepec, cuando el mismo Obrador asegura que será un “mini-canal” y una “cortina de desarrollo“.

Reformular el canal marítimo nicaragüense (que suponía un gran daño ecológico para el lago Cocibolca) podría ser la única manera de revivir el empantanado proyecto, reduciendo su costo (e impacto ambiental), transformándolo en una gran vía ferroviaria y de carretera; justo a imagen y semejanza de lo que se pretende con el Istmo de Tehuantepec.

Este corredor, ubicado en la costa sur del Cocibolca, conectaría puertos costarricenses en el Pacífico y cruzaría la frontera hasta el caribe nicaragüense.

De esta forma, el nuevo “canal” conformaría la punta sur del gran circuito de desarrollo económico mesoamericano (desde Tehuantepec hasta Costa Rica). Una mega región económica que encapsularía al “Tren Maya“; proyectos que en conjunto tienen la capacidad de generar el empleo y la prosperidad suficiente para contener los flujos migratorios (y criminales) en toda la región.

Piratas del Caribe

Pero además de la perspectiva económica, es necesario contemplar la visión estratégica: Estados Unidos, en su nueva etapa de “potencia global” en decadencia, parecer haber perdido la capacidad de invadir (más) países en el Medio Oriente (e incluso, ahora se muestra dispuesto a perdonar las aventuras nucleares de Corea del Norte). Pero incluso si EU abandona su papel como “hegemón global” y se transforma en una potencia “regional”; jamás dejará de amenazar a las pequeñas naciones de su “Mar del Sur”, el Caribe: (sobre todo a) Venezuela, Cuba y Nicaragua; países bautizados como “la troika de la tiranía” por el asesor de Seguridad Nacional norteamericano, John Bolton (uno de los arquitectos de la invasión de Irák).

¿Qué le espera a los mexicanos si los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y/o Cuba entran en conflicto militar abierto contra EU y Brasil? ¿Y si los tres territorios caribeños son desestabilizados como sucedió con Honduras en el año 2009?

Desde el golpe de Estado contra el presidente Zelaya (un golpe respaldado por la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton), Honduras descendió por una espiral de violencia que inevitablemente profundizó la crisis migratoria. Tan solo a principios de 2019, hasta 10,000 hondureños transitaban por México, y hasta la fecha conforman la mayor parte de las “caravanas migrante”.

Ante el escenario terrible de una guerra por controlar la Cruz del Caribe, México tendrá dos opciones: quedar atrapado en una trampa continental (conformada por la alianza EU-Brasil), convertido en país receptor de millones de refugiados venezolanos, cubanos y nicaragüenses (además de hondureños, haitianos, guatemaltecos, etc); o prepararse de antemano y asumir finalmente su responsabilidad histórica (la primera catástrofe geopolítica del México independiente no fue perder sus territorios del norte, sino los del sur) como potencia e interlocutor regional.

Por ahora, la eficiente gestión del presidente de México (y su Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard) en el tema migratorio, ha neutralizado la amenaza trumpista contra México. Tal vez el poder diplomático de la renovada cancillería mexicana pueda frenar una nueva intervención militar en el Caribe, mediando entre EU y los rebeldes países caribeños, ofreciendo una alternativa regional a lo que realmente exaspera al gigante del norte: la creciente “intromisión” de Rusia y China.

Excan Tlatoloyan

Transformar el plan de desarrollo obradorista en Centroamérica en una alianza integral que permita construir y gestionar el gran circuito económico entre los canales de Tehuantepec y Centroamérica, podría ser la única opción para garantizar cero “interferencia” (ya sea estadounidense o sino-rusa) en al región; al promover en su lugar la integración económica y la soberanía mesoamericana y caribeña, una alianza que tendría que incluir la seguridad y la defensa regional (esto ya ha comenzado a gestarse en el triangulo norte con la “Fuerza (policial) Trinacional“) para contener las rutas terrestres y marítimas de tráfico de personas, armas y droga.

La base de este nuevo bloque sería el eje geopolítico conformado por El Anáhuac-Mangua-La Habana. El surgimiento de una nueva Triple Alianza Mesoamericana, donde el papel de liderazgo mexicano (la única economía del G20 en la región) se proyectaría a niveles de verdadera potencia emergente en el (ya inevitable) mundo multipolar; un fenómeno inaudito que al menos en el corto y mediano plazo, resultaría más tolerable (que Rusia y China) para la potencia del norte, sobre todo si este pacto le garantiza a EU el acceso comercial (aunque no el control militar) en los dos nuevos “mini-canales” inter-oceánicos de Mesoamérica.