La Nueva Ruta Maya y la UMESOA: el potencial geopolítico del obradorismo

Por Alan Gómez.

Ensenada, Baja California. 26 de junio de 2018 (Informe § Hokana).- Aunque desconocido para muchos mexicanos, las élites occidentales reconocen y aceptan que el (neo)liberalismo no solo está en crisis a nivel mundial, sino que está muriendo rápidamente para dar paso a nuevos proteccionismos y nacionalismos político-económicos.

Este proceso sucede mientras Estados Unidos (cada vez menos “globalista” y más nacionalista) se enfrenta a su inminente declive como potencia hegemónica; y mientras China, la potencia en ascenso, trabaja con naciones de Europa, Asia, África, e incluso América en el mega-proyecto de infraestructura, comercio e intercambio cultural llamado “El Cinturón y la Ruta”, mejor conocido como la Nueva Ruta de la Seda; un ambicioso proyecto global que se propone marcar el rumbo de la agenda internacional durante el Siglo XXI.

Como resultado, la llegada de un nuevo paradigma de prosperidad global comienza a desarrollarse, una nueva forma de globalización menos “liberal” y más inclinada al modelo de economía mixta implementado por el partido comunista chino, un modelo centrado en la construcción de infraestructura pública, la cooperación multinacional y el respeto a los rasgos civilizatorios propios de cada región.

Los países más visionarios de Asia, como Japón, ya han anunciado que se sumarán a los mega-proyectos de infraestructura en la región del Pacífico, e incluso naciones europeas de gran tradición imperial como España, Inglaterra y Rusia compiten entre sí para complementar sus propios proyectos geopolíticos (La Mancomunidad de Naciones británica y La Unión Euroasiática rusa, por ejemplo) con las metas geoeconómicas chinas.

La gestión de estos nuevos activos: extensas redes ferroviarias de trenes bala que conectarán el mundo, nuevos puertos marítimos (e incluso puertos espaciales), grandes presas hidroeléctricas, ríos artificiales y ciudades inteligentes, serán la calve para liberar el potencial del desarrollo humano global durante el Siglo XXI. Mientras tanto, el fracasado modelo anglosajón de tratados internacionales para fomentar el “libre” comercio y la especulación financiera poco a poco pasa a segundo plano.

México no debe quedarse atrás.

Dentro de las propuestas que el candidato López Obrador propone para el sexenio 2018-2024, resalta la creación de un tren transpeninsular de alta velocidad que cubriría la antigua ruta maya. El proyecto representa 830 km de vía férrea para conectar las playas de Cancún con la zona arqueológica de Palenque, antigua ciudad maya donde gobernó la legendaria dinastía Pakal.

Sin embargo, la extensión de los antiguos reinos mayas (y sus ruinas) superan el territorio mexicano, e incluyen destinos no menos impresionantes en Centroamérica, como Tikal en Guatemala, Copán en Honduras, Caracol en Belice o Tazumal en El Salvador, además del espectacular y reciente descubrimiento de la megalópolis maya en Petén, Guatemala.

Tomando en cuenta que el sector turístico en México (cuya joya definitiva es la Riviera Maya) pronto aportará el 10% del PIB nacional, la inversión en infraestructura propuesta por Obrador (y sello de su administración cuando gobernó la capital mexicana) es vital. Pero llama la atención que el candidato además ha planteado transformar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLC-AN) en una nueva “Alianza para el Progreso” que incluya a países de Centroamérica, identificando correctamente que el flujo imparable de migrantes centroamericanos que transitan o se quedan a residir en México, comparte una lógica similar al flujo de migrantes mexicanos oaxaqueños o guerrerenses que salen de sus tierras a buscar un mejor futuro en Estados Unidos y en otras partes de México.

El abandono del sur y sureste mexicano es equiparable al abandono de Centroamérica y el Caribe, cuya actividad económica ha sido seriamente dañada gracias a los respectivos tratados de “libre comercio” (y algunos golpes militares), provocando la crisis migratoria actual.

La “Alianza para el Progreso” propuesta por Obrador tiene el potencial de poner fin a esta relación de explotación entre el norte y el sur, misma que está resultando demasiado contraproducente para EU.

Obradorismo vs Trumpismo

Ahora bien, los críticos del candidato señalan que un acuerdo de este tipo será imposible con el actual presidente de Estados Unidos; no necesariamente: la crisis de opioides y la guerra demográfica al interior de EU son más urgentes para Trump que intervenir militarmente en otros países (Basta revisar los escenarios de Siria o Norcorea), por lo que podría haber puntos de acuerdo para reducir el flujo de drogas y migrantes a través del desarrollo y la infraestructura mexicana en Centroamérica sin despertar la furia de los militares norteamericanos.

Pero incluso si Estados Unidos se mostrara reticente a participar; existe una alternativa: California, la “quinta economía” del mundo, de mayoría latina y cuyo gobierno desafía constantemente al presidente Trump (y se acerca cada vez más a la República Popular China).

California, que ha comenzado a construir su propio tren de alta velocidad (y colabora con China en la producción de autos eléctricos para ambos países), se declaró en 2018 como “Estado Santuario” para todos los migrantes indocumentados en su territorio.

Al sur de la frontera, ni el gobierno federal ni los gobiernos fronterizos de México (incluyendo a los de la Península de Baja California) han sabido corresponder a estas políticas progresistas californianas; por ejemplo, facilitando en reciprocidad que todos los residentes, los turistas, las universidades o las empresas californianas (incluyendo las de Sillicon Valley) se instalen, viajen o inviertan en la península de Baja California u otras regiones bien delimitadas de México, con un trato preferencial al de los ciudadanos, empresas e iniciativas “estadounidenses” o “trumpistas”.

Acuerdos de este tipo pueden ser aplicados no solo con California sino con gobiernos centroamericanos y del Caribe, de tal forma que México garantice los derechos humanos de los migrantes, pero sobre todo permita el surgimiento de una nueva forma de relación y cooperación auspiciada por la eventual presidencia de Obrador: una relación que pueda evolucionar hacía una nueva Unión Mesoamericana (UMESOA).

Ni norte, ni sur.

Como evolución de la “Alianza para el Progreso” obradorista, el esquema de trabajo de la UMESOA puede incluir (pero no depender) de la inclusión de un tratado de “libre comercio”; pero su objetivo primario será el desarrollo de la infraestructura regional, los proyectos multinacionales y el intercambio académico.

A diferencia de los decadentes acuerdos como el TPP, el propio TLC-AN o incluso la caótica Unasur (hecha a imagen y semejanza de la también tambaleante Unión Europea); la UMESOA, estaría conformada por miembros permanentes y observadores (como México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y Nicaragua) pero se diferenciaría de otros bloques regionales con la inclusión de socios globales, cuyas empresas estatales o privadas pueden participar e invertir en los proyectos de la UMESOA: Cuba, Costa Rica, Panamá, el Estado de California, Canadá, Francia, China, etc.

La idea central es que el tren transpeninsular que Obrador propone para la vieja ruta maya (mexicana), extendida y replanteada a imagen y semejanza de los grandes proyectos multinacionales de infraestructura euroasiáticos, pueda convertirse en el proyecto geopolitico mexicano: la Nueva Ruta Maya (NRM), eje central de la UMESOA, donde países, empresas e instituciones internacionales puedan trabajar en conjunto.

México 2021

Una vez que sea probada la viabilidad de nuevas zonas de desarrollo a lo largo de la vía férrea que Obrador propone (Cancún-Palenque), el primer paso consistiría en la creación de un grupo de estudio que establezca una hoja de ruta para la designación de las primeras zonas de desarrollo necesarias para extender la ruta. Como una muestra del compromiso mexicano con Centroamérica (y con la UMESOA), la construcción de la NRM puede comenzar con la re-conexión y re-activación del Puerto de la Unión, en El Salvador, que actualmente se encuentra en el abandono funcional.

Dicho puerto salvadoreño, por su ubicación geográfica tiene el potencial de convertirse en el punto de arranque de la sección más austral del NRM, convirtiéndose primero en un puerto mixto (similar al de Ensenada, Baja California) que pueda recibir no solo embarcaciones comerciales, sino el turismo de cruceros; un sector cuya actividad ha crecido de manera espectacular gracias a la región Asia-Pacífico. De hecho, Panamá se está adelantando: recientemente inició la construcción de un gran puerto de cruceros con inversión china en las costas del Pacífico, lo que podría presentar otra posibilidad de conectividad para la NRM.

La ruta atravesaría todo el territorio salvadoreño hasta la ruinas de Tazumal, cerca de la frontera con Guatemala, en donde la ruta puede bifurcarse rumbo a la trifrontera con Honduras o atravesar Antigua Guatemala hasta el estado de Chiapas en México, donde termina la ruta original propuesta por Obrador (Palenque).

Circuito Económico, Cultural y de Seguridad

Aproximación de la ruta en carretera

Al iniciar la construcción de la NRM desde el sur, los flujos migratorios que generalmente se desplazan de sur a norte en el continente americano se reducirían e incluso podrían invertirse, un fenómeno que ya ha sucedido con la diáspora haitiana que terminó asentándose en Baja California, misma que por un tiempo se desplazó desde Haití rumbo al sur, durante el crecimiento económico de Brasil, previo al Mundial 2014. Pero a diferencia del Mundial brasileño, el gran proyecto de la NRM continuaría creando fuentes de empleo cuando las vías ferroviarias ya estén finalizadas, porque será necesaria también la infraestructura hotelera, así como la de diversos servicios turísticos y culturales como museos, parques y reservas naturales, además de las instituciones educativas para formar a los profesionales y trabajadores multilingües que respondan a la demanda y el auge del turismo asiático. Es por esto que la participación de socios globales en la UMESOA como España e Inglaterra (cuyas cadenas hoteleras dominan el Caribe) no deben descartarse; garantizando su participación junto a empresas mexicanas y centroamericanas del mismo rubro y en un mismo marco regulatorio; dichos países europeos además pueden servir como contrapeso ante las posturas volátiles del gobierno de los Estados Unidos.

Evidentemente, un proyecto como este enfrentará enormes retos: todo Centroamérica, como México, presenta grandes desafíos en materia de seguridad, por lo que la UMESOA podría contemplar incluso la posibilidad de la cooperación en seguridad y defensa, desarrollada en forma paralela a la cooperación política que neutralice eficientemente a los grupos de poder que históricamente se han beneficiado del crimen y la inestabilidad en al región. En ese sentido, la experiencia del gobierno de Nicaragua, el país más seguro de Centroamérica será valiosa.

Y definitivamente deben adoptarse medidas radicales para asegurarse de que los principales beneficiados de NRM sean los pueblos de Mesoamérica, los descendientes de las Primeras Naciones. Para empezar, es urgente la implementación de leyes que conviertan en idiomas oficiales las lenguas mayenses y el resto de las lenguas indígenas de la región, e impulsar agresivamente dicha legislación con la creación de institutos regionales de lenguas y culturas, así como universidades indígenas donde además se concentre la investigación arqueológica, histórica, lingüística, ecológica y ecoturística útil para la NRM y la UMESOA; una medida que ya ha sido aplicada en naciones como Bolivia, cuyos avances son reconocidos por las Naciones Unidas (ONU) en el ámbito educativo para con los pueblos originarios.