La neurociencia respalda la creencia budista: no creces, solo transmutas

Ensenada, Baja California. 2 de septiembre de 2017 (Informe § Hokana).- Aunque no puedas recordar bien tu vida cuando eras un niño pequeño, lo más natural es asumir que tú, en esencia, eras la misma persona. Quizás más joven, ignorante o ingenuo; pero al final, aún con nuevas experiencias, recuerdos o habilidades, puedes asegurar que tu mente es la continuidad de lo que sucedió “ayer”.

Los budistas, sin embargo, sugieren que esto es sólo una ilusión, una filosofía que parece estar cada vez más apoyada por la investigación científica.

“Los budistas sostienen que nada es constante, todo cambia a través del tiempo, usted tiene una corriente constantemente cambiante de conciencia”, explicó Evan Thompson, profesor de filosofía de la mente en la Universidad de Columbia Británica, en entrevista para el portal Quartz. “Y desde la perspectiva de la neurociencia, el cerebro y el cuerpo están constantemente en flujo. No hay nada que corresponda a la sensación de que hay un yo inmutable”.

La neurociencia y el budismo llegaron a estas ideas independientemente, pero algunos investigadores científicos han empezado recientemente a referirse y utilizar la religión oriental en su trabajo, y han llegado a aceptar teorías que fueron postuladas por los monjes budistas hace miles de años.

Un artículo de neurociencia, publicado en la revista científica Trends in Cognitive Sciences en julio pasado, vincula la creencia budista de que nuestro “yo” está cambiando constantemente de áreas físicas en el cerebro; con la evidencia científica de que “el procesamiento de la conciencia en el cerebro no es iniciado en una región o red en particular, sino que se extiende a una amplia gama de procesos neuronales fluctuantes que no parecen ser específicos para la conciencia”, escriben los autores.

Thompson, cuyo trabajo incluye estudios de la ciencia cognitiva, la fenomenología y la filosofía budista, dice que esta no es la única área donde la neurociencia y el budismo convergen. Por ejemplo, algunos neurocientíficos ahora creen que las facultades cognitivas no son fijas, sino que pueden ser “mejoradas” a través de la meditación. Y es posible que exista respaldo científico a la creencia budista de que la conciencia se extiende hasta el sueño profundo.

“La visión estándar de la neurociencia es que el sueño profundo es un estado de apagón donde la conciencia desaparece”, dice Thompson. “En la filosofía hindú vemos que algunos teóricos argumentan que hay una conciencia sutil que sigue estando presente cuando duermes y ni siquiera sueñas, simplemente hay una falta de capacidad en nuestra memoria para consolidar esto de un memento a otro”.

Los estudios sobre los patrones de sueño de la gente que medita sugiere que este podría ser el caso. Un estudio publicado en 2013 encontró que la meditación puede afectar los patrones electro-físicos del cerebro durante el sueño, y los hallazgos sugieren que con la meditación podría existir capacidad para “procesar información y mantener cierto nivel de conciencia, incluso durante un estado en el que estas funciones cognitivas están obstaculizadas”, según los investigadores.

Pero ni la neurociencia ni el budismo tienen una respuesta definitiva sobre cómo la conciencia se relaciona exactamente con el cerebro. Y los dos campos divergen sobre ciertos aspectos del tema. Los budistas creen que hay alguna forma de conciencia que no depende del cuerpo físico, mientras que los neurocientíficos (y Thompson), no están de acuerdo.

Pero Thompson apoya la opinión de los budistas de que el “yo” sí existe. “En neurociencia, a menudo encontramos investigadores que dicen que la conciencia es una ilusión creada por el cerebro. Mi opinión es que el cerebro y el cuerpo trabajan juntos en el contexto de nuestro entorno físico para crear un sentido de sí mismo. Y es equivocado decir que sólo porque es una construcción, es una ilusión”.

Diferente tiempo, diferente persona

El estudio de personalidad que más tiempo ha llevado, reveló en 2017 que nuestra personalidad cambia tanto desde la juventud hasta la vejez, que es posible hablar de dos personas completamente diferentes cuando un individuo tiene 14 o 77 años. Investigadores de la Universidad de Edimburgo en el Reino Unido analizaron los resultados de este experimento iniciado en 1947, que reclutó a 1,208 adolescentes de 14 años en Escocia para evaluar su personalidad.

Se tomaron en cuenta seis cuestionarios diferentes que evaluaron a los estudiantes sobre seis rasgos: autoconfianza, perseverancia, estabilidad de los estados de ánimo, conciencia, originalidad y deseo de sobresalir. Estos resultados se condensaron en una calificación general para un solo rasgo subyacente denominado confiabilidad indicada, una categoría comparable a la conciencia.

Más de seis décadas después, el equipo de la Universidad de Edimburgo logró ponerse en contacto con 635 de los estudiantes originales, y 174 accedieron a que sus personalidades fueran probadas una vez más. Con un promedio de 76.7 años de edad, se le pidió al grupo que se clasificaran en los seis rasgos de personalidad, y eligieran a un amigo cercano o familiar para hacer lo mismo.

Esta vez, el grupo completó siete escalas de personalidad y exámenes, y además se evaluó su salud mental. Los resultados se condensaron nuevamente en una sola puntuación de “confiabilidad indicada”.

Cuando los investigadores compararon los resultados de 77 años contra los de 14 años, no encontraron ninguna correlación notable. “No hubo correlaciones positivas lo suficientemente fuertes como para lograr significación entre las calificaciones características de la confiabilidad indicada de los adolescentes y las edades mayores”, concluyó el equipo en su artículo, publicado en Psychology and Aging.

“Habíamos planteado la hipótesis de que encontraríamos evidencia de estabilidad de la personalidad en un período aún más largo de 63 años, pero nuestras correlaciones no apoyaron esta hipótesis, parecen inconsistentes con los resultados anteriores”.

Incluso cuando el equipo manejaba los datos a través de un modelo más complejo que tomaba en cuenta los errores que ciertos ‘evaluadores’ podrían haber tenido en los resultados originales, encontraron sólo una correlación “bastante baja” de 14 a 77 entre la estabilidad de los rasgos del estado de ánimo, pero no hay correlación entre los otros rasgos.

Los resultados fueron una sorpresa, porque las investigaciones anteriores han encontrado la continuidad de la personalidad en las personas evaluadas desde la infancia a la juventud, y de la juventud a la edad adulta. Pero los investigadores sugieren que debido a que sufrimos muchos pequeños cambios en la personalidad durante toda la vida, los estudios que sólo evalúan los rasgos de personalidad durante parte de la vida podrían perder el panorama general.

“Como resultado de este cambio gradual, la personalidad puede aparecer relativamente estable en intervalos cortos. Sin embargo, cuanto más largo es el intervalo entre dos evaluaciones de la personalidad, más débil tiende a ser la relación entre los dos. Nuestros resultados sugieren que, cuando el intervalo se incrementa hasta 63 años, prácticamente no hay relación alguna”.

 

Fuentes:

Quartz (2015, 20 de septiembre). Neuroscience backs up the Buddhist belief that “the self” isn’t constant, but ever-changing. Recuperado de: https://qz.com/506229/neuroscience-backs-up-the-buddhist-belief-that-the-self-isnt-constant-but-ever-changing/

Science Alert (2017, 20 de febrero). You’re a Completely Different Person at 14 And 77 Years Old, Personality Study Suggests. Recuperado de: http://www.sciencealert.com/you-re-a-completely-different-person-at-14-and-77-years-old-personality-study-suggests