La CIA analiza a los filósofos posmodernos franceses. Luego entonces Macron

Portada alemana de la novela de Sartré "La edad de la razón" junto a una imagen de Ernesto Guevara De la Serna

Ensenada, Baja California. 21 de junio de 2017 (Informe § Hokana).- La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por sus siglas en inglés) monitoreó de cerca los efectos de la filosofía francesa en la política interior y exterior del país galo; esto como parte de la larga guerra cultural norteamericana contra el comunismo y el «anti-americanismo» durante la Guerra Fria.

En 1985 la CIA compiló un reporte para documentar sus investigaciones. Recientemente ha sido puesto a disposición del público a través de una solicitud de la Ley de Libertad de Información estadounidense. En el documento titulado «Francia: Deserción de los intelectuales de izquierda«, la CIA se muestra complacida con la dirección política que la filosofía francesa había tomado.

Michel Foucault, Roland Barthes, Jacques Lacan y Derrida son algunos de los nombres esenciales del pensamiento posmoderno. El complejo trabajo de estos escritores ha sido desechado como frívolo e inconsecuente (la negación de la negación, relativismo puro), o simplemente tachado de charlatanería por pensadores como Noam Chomsky.

Charlatanes o no, los pensadores posmodernos (generalmente considerados de izquierda) lograron gran popularidad e influencia en todo el mundo, definidos por una actitud de crítica y escepticismo hacia los valores filosóficos del período moderno de la historia occidental, valores que los posmodernos llaman las «meta narrativas», es decir, las narrativas o verdades absolutas en las que se asume que la comprensión total de los hechos, ya sean de carácter científico, histórico y/o social (como el marxismo) pueden dar respuesta y solución a cualquier interrogante o problema.

Gabriel Rockhill, profesor de filosofía en la Universidad de Villanova y autor del libro Historia Radical y la Política del Arte resume el reporte de la CIA sobre el pensamiento posmoderno de la siguiente forma:

… (la CIA) aplaude lo que ve como un doble cambio que ha contribuido a que la intelectualidad cambie su enfoque crítico contra EU para dirigirlo contra la Unión Soviética. A la izquierda, hubo un descontento intelectual gradual con el estalinismo y el marxismo, una retirada progresiva de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del Partido Socialista. Del otro lado, en la derecha, los oportunistas ideológicos llamados los Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña de desprestigio contra el marxismo en los medios de comunicación de alto perfil.

En el fascinante análisis de la CIA se asegura que el «espíritu anti-marxista» (a veces incluso anti-científico) de los pensadores posmodernos «dificultará que cualquiera movilice una significativa oposición intelectual contra las políticas estadounidenses». La influencia de los «nuevos intelectuales de izquierda» sobre la cultura y el gobierno francés es tal que «la frialdad notable del presidente Francois Mitterrand (del Partido Socialista francés) hacia Moscú se deriva, al menos en parte, de esta actitud penetrante».

Estas observaciones contrastan con las características de la generación previa de «intelectuales izquierdistas marxistas», la generación de la posguerra inmediata, apunta Rockhill; quienes «habían criticado abiertamente al imperialismo estadounidense» e incluso trabajaron activamente contra las maquinaciones de los operadores norteamericanos. Jean-Paul Sartre, por ejemplo, jugó un papel importante «desenmascarando una estación secreta de la CIA en París con decenas de agentes encubiertos», y como resultado fue «monitoreado de cerca por la agencia y considerado un problema muy serio».

Para mediados de la década de 1980 «ya no hay más Sartres, ni más Gides», declara triunfalmente la CIA en su reporte. La «última camarilla de sabios comunistas recibió el fuego de sus antiguos protegidos, y ninguno tenía ya el estómago para plantear una defensa del marxismo».

La CIA detectó con certeza que una especie de cansancio se había enquistado en la izquierda marxista, gracias también a los indefendibles abusos totalitarios del «culto al estalinismo».

De esta forma, con el colapso de la Unión Soviética y del socialismo del siglo XX (el entonces proyecto de la izquierda internacional), el auge del pensamiento posmoderno facilitó el retroceso de las «ideologías» y los «ismos» entre los intelectuales de todos los espectros políticos en Francia (y en todo el mundo quizás). Francia es la cuna de la izquierda política, y era hogar de una izquierda marxista históricamente vigorosa, que para el año de 1985, afirma la CIA en su reporte, «ha sucumbido a una especie de apatía».

Para la década de 1990 llegaría el triunfo del entonces proyecto de la derecha internacional: el Consenso de Washington y la globalización neoliberal empujada por EU.

¿El pensamiento posmoderno aniquiló a la izquierda francesa?

En 2017 los franceses eligieron a Emanuel Macron para «salvarse» de la nacionalista Marine Le Pen. Pero a sabiendas de que el ex-banquero Macron no hará más que continuar con la política del ahora expresidente «socialista» Francois Hollande (quien por supuesto pidió votar por Macron).

Ccon una reforma neoliberal, Macron planea destruir los derechos laborales alcanzados por la vieja izquierda; situación que llevó a bloqueos y protestas masivas en las calles parisinas el año pasado.

Cuando la vieja izquierda «socialista» se ha sumado de lleno al proyecto neoliberal; como apunta el periodista Daniel Zen: un programa que se presumía “ni de derecha, ni de izquierda” fue la marca de Macron, que hizo de la negación del propio componente ideológico su (posmoderno) sofisma vencedor.

De una forma similar al fallido liderazgo de Clinton, que arropó a los republicanos tradicionales asustados ante el posible triunfo de Trump (la CIA ya no es lo que era antes); el movimiento de Macron se desdibuja ideológicamente para nutrirse con personas de partidos y corrientes políticas «diversas» (anteriormente opuestas).

Aunque su victoria es presumida como arrolladora en la prensa internacional, en realidad el pueblo francés le ha dicho a Macron: “No me interesa”. La abstención en la última elección parlamentaria superó el 56%. Un récord para la politizada nación francesa. El mensaje más nítido emitido por la ciudadanía gala fue la también posmoderna apatía política, bien detectada y aprovechada por la CIA.

De cada 10 franceses en condiciones de votar, casi seis prefirieron no hacerlo, poco más de dos optaron por continuar con el ya alicaído consenso neoliberal de Washington (ya en su etapa de crisis interna trumpista) a través de un Macron respaldado plenamente por Obama, y claro, con ayuda de la CIA (según Wikileaks).

El resto de los votantes franceses se dividieron entre las otras fuerzas políticas; con Jean-Luc Mélenchon, del nuevo Partido de Izquierda (PG por sus siglas en francés) en alianza con el viejo Partido Comunista, como únicos herederos visibles de una nueva izquierda «radical» (o simplemente real) en Francia, obteniendo un agridulce tercer lugar, debajo del Partido «Socialista» de Hollande, en segundo lugar, que se desploma en sus contradicciones neoliberales, y un sorpresivo cuarto lugar para el partido «ultra nacionalista» de Marine Le Pen.

Marxismo-Optimismo

En la óptica del marxista Alex Lantier, este resultado electoral mediocre para Mélenchon es también resultado del pensamiento posmoderno. Lantier denuncia la quiebra política de un «populismo (de izquierdas) antimarxista» expuesto en el libro de Mélenchon, La Era del Pueblo, donde se afirma que la era del socialismo y de la clase obrera ya terminó; una idea enteramente basada en las teorías posmodernas, asegura Lantier, quien ademas clama desde la trinchera marxista que tanto el colapso del Partido Socialista como la «quiebra» de Mélenchon son buenas noticias: «indicios de que un explosivo resurgimiento de la clase obrera como fuerza revolucionaria se está preparando».

Irónicamente, Mélenchon, que no puede dejar atrás su formación trotskista, está de acuerdo con Lantier: «Ha habido buenas noticias. La primera es la abrumadora abstención, que tiene un significado político. Nuestro pueblo ha entrado en una huelga general cívica», explicó a la prensa tras su derrota. Mélenchon ve también en la abstención una energía (¿revolucionaria?) disponible para llamar al combate.

Sin embargo, ganar ese llamado, no solo al partido de Marine Le Pen, sino a los neoliberales en su nuevo (y exitoso) disfraz político posmoderno (el modelo Macron), será posible solo en el campo de la nueva batalla propagandística de nuestra era: como se lee en el portal español Público, la prensa oficialista en Francia denuncia la cercanía de Mélenchon con Venezuela y lo llaman «el candidato de la Francia Chavista». Al igual que al partido Podemos en España o Morena en México, la nueva izquierda de Mélenchon, también conocida como de la «Francia Insumisa», ha enfrentado las mismas críticas del neoliberalismo mediático global, quienes han desatado la política del miedo ante el ascenso de una nueva izquierda «populista», donde la sombra de Chávez es un verdadero espantapájaros global.

Populismo, la venganza pre-moderna

El populismo de izquierdas antimarxista del que habla Lantier está evidentemente emparentado con el populismo de derechas. Como apunta el filósofo Julian Baggini en su texto Por qué Putin y los populistas se aman profundamente entre sílos populistas (de derecha) tienen también un referente claro (¿Y su propio espantapájaros?): el presidente ruso.

Marine Le Pen ha elogiado el modelo de Putin de «proteccionismo razonado, en el que cuida los intereses de su propio país al tiempo que defiende su identidad». Trump, repetidamente ha mostrado efusivamente muestras de admiración por Putin.

Pero más allá de los choques o acercamientos políticos entre los populismos actuales, existe algo que los une: el miedo instintivo de los neoliberales, que desprecian fanáticamente a la Rusia de Putin, al Chavismo y a Trump.

La aversión a este fenómeno político ya sea por parte de los marxistas radicales (como Lantier) o de los neoliberales, se debe a que el populismo del siglo XXI es, como explica el filósofo Paul Piccone, un movimiento anti-intelectual (¿Y por lo tanto pre-moderno?):

(El Populismo) rechaza la distinción entre intelectuales y no intelectuales, a través de la cual los primeros gobiernan y los segundos los siguen. En un estilo auténticamente democrático, reclaman que todos sean considerados igualmente calificados para participar en la clase de decisiones que afecta su vida. Consecuentemente, hasta los puntos de vista más rabiosos se las arreglan para encontrar expresión y hasta para ser adoptados como parte de los proyectos políticos particulares.

Dichos puntos de vista «rabiosos», incluyen todo tipo de visiones «políticamente incorrectas» para los políticos tradicionales; pero populares en las bases decepcionadas con el Status Quo. Después de todo el término populista apareció en Rusia en 1878 como «Narodnichestvo», luego traducido como “populismo” a otras lenguas europeas, para nombrar una fase primitiva en el desarrollo del movimiento socialista. Como explicó el historiador Richard Pipes en un estudio clásico, el término se utilizó para describir la ola anti-intelectual de la década de 1870 y la creencia según la cual los militantes socialistas tenían que «aprender del pueblo», antes que pretender convertirse en sus guías.

Así, los guiños a la religiosidad por parte de la izquierda «laica» del partido Morena en México, el aparente apoyo al separatismo en España de los «anti-separatistas» Podemos y el rechazo a la Unión Europea tanto de Mélenchon como de Le Pen en Francia son algunos ejemplos de los «rabiosos» puntos de vista aprendidos o recogidos del pueblo, como también lo son el puritanismo o las posturas anti-musulmanas y anti-inmigrantes de Trump.

Como es evidente, esta vuelta filosófica al pasado que representan tanto el separatismo, como el nuevo nacionalismo y el regreso del sentimiento religioso en la escena global; son consecuencia de la debacle del sistema político en Europa y las Amércias. La raíz concreta de la que derivan los nuevos populismos (ya sea de izquierda o derecha) es también el descontento con un sistema económico fracasado (y un consenso fracasado también, el del la élite tradicional estadounidense que siempre sí quiere deshacerse de Trump). Entonces cualquier populismo verdadero (incluso el de derechas) impulsará medidas económicas que atentan contra el orden neoliberal corporativo de la élite global (la cancelación trumpista del TPP o el NAFTA/TLC-AN, por ejemplo, celebrado por algunos izquierdistas en México).

Como resultado, todo populismo será demonizado o despreciado como irracional y/o fascista por las élites neoliberales (y sus voceros en los medios), sin miramientos, ni análisis y generalmente también será rechazado (cuando podría ser aprovechado) por los marxistas radicales que siguen esperando ahora sí la definitiva revolución de la clase obrera.

Política Pop

Y es que el populismo, carente de respaldo ideológico sólido, no puede ser catalogado como un proyecto político global coherente. El populismo es más similar a la contracultura. El populismo es el nuevo punk. Basta prender la televisión norteamericana para darse cuenta de que quienes controlan la «cultura pop(ular)» se lanzan ferozmente contra Trump de la misma forma que los medios españoles o mexicanos atacan a Podemos y a Morena, respectivamente, y de la misma forma que los medios franceses acorralan a Le Pen y a Mélenchon.

Pero como toda contracultura, el populismo es plástico y maleable, y corre el peligro de ser absorbido y neutralizado por el sistema neoliberal (como lo fueron todas las contraculturas del siglo XX). El ejemplo claro es el éxito de Emmanuel Macron, respaldado por la CIA pero proyectado como el «populista de centro» y «candidato ciudadano» por la prensa oficialista.

Macron ha fascinado a las élites del neoliberalismo global como opción para frenar en seco la oleada populista que empezó con el ‘Brexit’ y siguió con Trump; y así continuar con el mismo modelo económico. Las elecciones en todo «occidente» se verán caracterizadas por la disyuntiva entre estos dos modelos: uno respaldado por las élites (el «modelo Macrón» o «modelo ciudadano») y la expresión local del populismo real (ya sea de izquierda o de derecha).

He ahí el dilema de nuestra era. Lamentablemente, quizás sea el precio que tengamos que pagar por nuestra posmoderna apatía anti-marxista.

 

Fuentes:

Library of the C.I.A. France: defection of the leftist intellectuals. Recuperado de: https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP86S00588R000300380001-5.PDF

Open Culture (2017, 16 de junio). The CIA Assesses the Power of French Post-Modern Philosophers: Read a Newly Declassified CIA Report from 1985. Recuperado de: http://www.openculture.com/2017/06/the-cia-assesses-the-power-of-french-post-modern-philosophers-read-a-newly-declassified-cia-report-from-1985.html

Revista Anfibia (2016, 23 de septiembre). ¿De qué hablamos cuando hablamos de populismo? Recuperado de: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-populismo-2/