California, tan cerca de China y tan lejos de México

Ensenada, Baja California. 27 de junio de 2017 (Informe § Hokana).- El actual gobernador de California, Jerry Brown, fue el invitado de honor en la conferencia ambiental de Nanjing, China, llevada a cabo el pasado 6 de junio. Su ferviente discurso sobre la amenaza del cambio climático, acompañado del tema de “Star Wars”, fue parte de la insólita gira del mandatario californiano en el país asiático.

A diferencia de las insípidas giras de los gobernadores mexicanos en China, o la desaprovechada relación con California por parte de los gobernadores fronterizos de México, cuyas agendas internacionales se reducen a huecos reconocimientos del “potencial de la diversificación del mercado” o los “excelentes lazos” entre las californias; en la gira de Jerry Brown, el gobernador norteamericano se arrojó (a contracorriente de Trump) al compromiso de temas ambientales específicos con China, como la petición de apoyo para el futuro de los vehículos eléctricos en California.

Brown espera tener de cuatro a cinco millones de coches eléctricos en las carreteras californianas para 2030, tal y como explicó en China, donde ofreció la colaboración tecnológica entre el estado norteamericano y el país asiático para reducir los costos de las baterías eléctricas.

La gira de Brown culminó con la firma de un acuerdo para que el estado de California y China trabajen juntos en la reducción de emisiones de CO2. Brown explicó que tanto China como los países europeos y algunos estados norteamericanos pueden (por ahora) llenar el hueco dejado por la decisión trumpista de abdicar en el liderazgo para enfrentar este problema global; refiriéndose a la polémica decisión del presidente norteamericano de sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París.

Parece ser que las acciones de Trump no solo pueden lastimar a los mexicanos, sino como asegura sin tapujos el gobernador californiano, también pueden “lastimar a América”.

Rouge State

El enfrentamiento entre Brown y Trump no es una sorpresa para los estadounidenses. El gobernador del llamado “estado dorado” es tan rebelde que desde enero del 2017 amenazó con suspender las transferencias financieras que California destina al gobierno federal con sede en Washington; esto en caso de que el gobierno de Trump cumpla sus propias amenazas: retener el dinero de la federación para las “ciudades santuario” (que incluyen a Los Ángeles y San Francisco) como un castigo a dichas urbes californianas por su negativa a colaborar con las tareas de Inmigración.

Esta arriesgada confrontación con el gobierno federal es el resultado del cálculo político certero del gobernador Brown, que ha sabido reconocer las cifras record del sentimiento separatista en California luego del triunfo de Trump. Sentimiento que ha dado origen al famoso Calexit, movimiento independentista que aún respira en el estado.

Ya retirada la propuesta original de separarse por completo de EUA (debido a la problemática relación del entonces dirigente con Rusia); el Calexit ha evolucionado en una segunda petición menos radical, pero que continúa clamando por lograr más “autonomía” política para California, sin olvidar la meta de una eventual independencia de la nación californiana.

Liderada por el “hsipano” Steve Gonzales, la “California Freedom Coalition” que persigue el Calexit 2.0, tiene su equivalente al sur de la valla (y futuro muro) en la frontera: el Movimiento Independentista de Baja California (MIBC), dirigido por el tijuanense Felipe Ledezma Gil, quien anunció a medios locales su intención de viajar a la sede de la ONU en Nueva York para plantear la separación de la península en el Comité Especial de Descolonización.

MIBC es el eco político del movimiento social “República de Baja California”, que en 2013 (antes del primer Calexit) emergió como un medio para expresar el descontento con las medidas promovidas por el gobierno federal mexicano encabezado por el presidente más impopular en la historia del país, Enrique Peña Nieto.

Día de la Independencia

El separatismo es promovido también en Baja California Sur por Ledezma Gil, que asegura podría contar con el apoyo de hasta 60% de la península. El origen concreto de la ola independentista fue el aumento del IVA fronterizo (idea del actual Secretario de Hacienda, José Antonio Meade) y aprobado por el gobierno federal el 30 de octubre del 2013. El aumento de el IVA solo causó inflación, desempleo y una caida del PIB en las economías fronterizas, con la canasta básica en Tijuana disparándose 24% en 2015.

Existen otros factores (que atañen a todo el país) como la corrupción, los “gasolinazos” y el intento de privatizar el agua, que sumados han abonado al descontento en la península de Baja California, provocando lo que analistas como Jenaro Villamil llaman una verdadera “rebelión cívica” que por fin estalló en 2017. En la capital del estado, Mexicali, integrantes del movimiento “Mexicali Resiste” (que en enero tomaron los edificios de los tres niveles de gobierno) ondearon una bandera negra en el Centro Cívico de la ciudad el 24 de febrero, día de la bandera en México, prácticamente anunciando el luto por la muerte del pacto federal.

Las manifestaciones en Baja California también incluyeron la toma de casetas federales (acción aparentemente promovida por el dirigente de MIBC, a quien incluso se le giró una orden de la Procuraduría General de la República). Las protestas en las casetas pronto se volvieron violentas y captaron la atención de la prensa norteamericana, con algunos medios estadounidenses afirmando que al sur de su frontera hay un país al “borde de la revolución”.

Pero en este convulso 2017, California no se está quedando atrás. Los violentos enfrentamientos que se produjeron en la ciudad de Berkeley también han causado impacto mediático. La llamada “pequeña guerra civil americana” ha consistido en verdaderas batallas campales que durante febrero, marzo y abril han enfrentado a simpatizantes del  Presidente Trump contra grupos opositores de extrema izquierda llamados anti-facistas o “antifa” en el estado californiano. Una polarización que no se había visto desde hace mucho tiempo en EU.

Si comparamos la situación en ambos lados de la frontera, parece ser que las acciones de Trump “lastiman a América” (Jerry Brown dixit) de la misma forma que las de Peña Nieto lastiman a México.

Administraciones paralizadas

Es claro que la desaprobación popular contra los presidentes de sus respectivos países es compartida en las californias; la diferencia es que los gobernadores de “la Baja” no son tan rebeldes como su vecino del norte. No tienen la visión, ni el arrojo para aprovechar el sentimiento “independentista” que crece en sus pueblos. Desechan la valiosa oportunidad para hacer una política de gobierno similar a la de Jerry Brown, cuya arriesgada gira en China le arrebata la iniciativa internacional a la errática presidencia de Trump.

En México se vive una situación análoga pero al mismo tiempo supeditada a la crisis norteamericana. Peña Nieto, atemorizado (quizá por el futuro de su refugio pos-sexenal en Miami), ha preferido no confrontar al presidente norteamericano que en reiteradas ocasiones insulta a México.

En lo que no puede ser más que definido como una muestra de parálisis política, Peña olvida su propio programa de gobierno y se dispone a obedecer el programa trumpista contra Venezuela, enviando como punta de lanza a su mejor operador político, Luis Videgaray, nada menos que el Secretario de Relaciones Exteriores; cargo que debería ser ostentado para defender los intereses de los mexicanos en Estados Unidos, sobre todo en el contexto trumpista.

Como una especie de aprendiz de la “Escuela Peña Nieto”, el gobernador de Baja California, Kiko Vega, imita las inútiles giras internacionales del presidente mexicano, giras que solo le consiguen críticas en los medios regionales y nacionales. Sus viajes poco han servido para beneficiar a los bajacalifornianos, mientras los focos rojos en materia de inseguridad, crisis humanitaria de refugiados y el incremento de la deuda del Estado hasta en 400% se vuelven la marca de su gobierno. Baja California Sur, por su parte, alcanzó en 2017 una cifra histórica de homicidios.

A finales de enero, luego de retirarse de una reunión con integrantes de “Mexicali Resiste” para afinar temas relacionados con una ley estatal que pretendía privatizar el agua en Baja California (que fue abrogada gracias a la fuerte presión social), Kiko Vega fue literalmente correteado por los manifestantes en la capital del Estado.

Haiti, mon pays

El escenario de desprecio popular contra Kiko Vega puede compararse con el sufrido por Jovenel Moise, actual presidente de Haití, que también ha sido atacado en las calles de la capital, Puerto Príncipe.

Moise, cuya victoria fue marcada por acusaciones de fraude electoral, es el último presidente haitiano despreciado en una larga lista de mandatarios que han contribuido al desastre en la nación caribeña, cuyos refugiados llegan por miles a Baja California.

A pesar de la crisis humanitaria de refugiados haitianos en el estado fronterizo; la naturaleza desastrosa y fraudulenta de los gobiernos en Haití simplemente es ignorada en los medios regionales y nacionales, que prefieren concentrarse (igual que Trump) en la urgencia de “resolver” la crisis venezolana.

El gobierno federal mexicano, que patalea por la posible deportación masiva de los mexicanos “ilegales” en EUA, hipócritamente está dispuesto a deportar más de 3000 haitianos; ante la parálisis y falta de capacidad del gobierno estatal de Baja California; con Kiko Vega asegurando que no se tienen condiciones ni siquiera para recibir mexicanos repatriados.

Los miles de migrantes haitianos varados en Baja California, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración Mexicano (INM), tienen hasta el 30 de septiembre 2017; a partir de entonces el gobierno mexicano deportaría a quienes no cuenten con documentos.

Lo que poco se reporta en los medios es que el proyecto Archivo Oral de Migración descubrió que los haitianos en Baja California tienen, en su mayoría, estudios superiores; lo que que los convierte en un recurso humano desperdiciado para la posible creación de un centro de estudios o programa universitario sobre la problemática de Haití y/o la región caribeña; un proyecto con potencial similar al que Lázaro Cárdenas creó con el Colegio de México, fundado por los refugiados de la guerra civil española que México recibió a mediados del Siglo XX.

La necesidad urgente de crear espacios de investigación académica para comprender mejor lo que sucede en El Caribe (algo que ya existe en California pero no en la “Baja” con todo y su “pequeña Haití“) se hace evidente con la catastrófica diplomacia mexicana y su nula influencia en las naciones caribeñas (incluyendo a Cuba); situación que le costó un verdadero fracaso al gobierno mexicano en su intento por generar consenso en la condena contra Venezuela durante la última cumbre de la OEA en junio de 2017.

California, nación de inmigrantes

Como una especie de espejo macabro migratorio, en sentido contrario a Baja California, México; está California en EU: lo que comenzó con la posibilidad para los inmigrantes “ilegales” de pagar una matrícula escolar estatal, ha sido complementado con licencias de conducir, nuevas reglas diseñadas para limitar las deportaciones y la seguridad social financiada por el estado para los hijos de los migrantes.

En agosto de 2015, en un gesto cargado de simbolismo, llegó una nueva ley que borra la palabra “alien” (“extranjero”, “extraño”, “ajeno” o “el/lo otro”) del código laboral de California; y en noviembre de 2016 (en la misma elección que le dio el triunfo a Trump a nivel nacional); los votantes de California acabaron oficialmente con la era del Inglés como única lengua de instrucción en las escuelas públicas, levantando las restricciones a la educación bilingüe que habían estado siendo aplicadas durante años.

Como se lee en Los Angeles Times, estos beneficios, derechos y protecciones crean lo que algunos expertos comparan con una especie de “ciudadanía californiana”, muestra clara de la visión de Jerry Brown que ha decidido aprovechar la ola independentista, y por lo tanto ha conseguido alcanzar niveles “estratosféricos” de popularidad.

Es a partir de aquí donde las cosas se pondrán interesantes para California; que por si fuera poco, en mayo de 2017 aprobó una ley que levanta el veto anticomunista de la época de la Guerra Fría, permitiendo a las personas de dicha “ideología” participar en el gobierno de la entidad.

Y aunque las medidas de protección a los migrantes evidentemente beneficiarán a la comunidad latina (la nueva mayoría “racial”, que desde 2015 ya supera a la población blanca); ¿Qué consecuencias tendrá la llamada “ciudadanía californiana” en el futuro? Cuando el principal país de origen de los inmigrantes en California ya no es México, sino precisamente un país de “ideología comunista”, la República Popular China.