El auge del fracking en EU no durará más allá del 2020. México, en la mira

Ensenada, Baja California. 17 de mayo de 2018 (Informe § Hokana).-  Arthur Berman, un geólogo y consultor privado con cuatro décadas de experiencia en el sector petrolero, mantiene lo que él mismo llama “una visión realista” (para otros pesimista) sobre del futuro energético de los Estados Unidos. Asegura que la narrativa de la mayor parte de la industria energética, en la que el polémico fracking (o fractura hidráulica) utilizado para obtener el gas y petroleo esquisto (también llamado lutitas, pizarra, bituminosa o shale) es la solución a todos los problemas energéticos de EU, se asemeja más al “pensamiento mágico” basado en los buenos deseos que en la observación racional.

Gracias al esquisto, en 2012 la producción nacional de energéticos estadounidenses alcanzó su nivel más alto en 15 años y la dependencia de petróleo extranjero llegó a su punto más bajo en dos décadas, permitiendo a las administraciones norteamericanas prometer una “independencia energética”. Pero Berman asegura que la promesa del esquisto no durará mucho.

Algunos de los puntos que el geólogo plantea para respaldar su argumentación incluyen:

1. Los descubrimientos de reservas de todo tipo de combustible fósil han disminuido en todo el mundo desde la década 1970 y los descubrimientos durante la última década representan el nivel más bajo de reemplazo de reservas desde 1947. Esto se debe en parte a la falta de inversión en exploración.

2. El esquisto no requiere exploración, pero representa una fuente finita. El esquisto “está de moda”, en parte, porque producirlo cuesta menos que invertir en nuevas exploraciones.

3. De entre las tres principales fuentes de esquisto en el territorio de Estados Unidos, Berman afirma que dos de ellas: Bakken y Eagle Ford ya han alcanzado su máximo en términos del crecimiento de su producción, aunque continuarán produciendo durante algún tiempo. La tercera y más importante, la Cuenca Pérmica de Texas, aún tiene gran potencial de crecimiento, pero Berman predice que no será por mucho.

La postura de Berman no es la norma. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), se proyecta que la producción relacionada con el esquisto alcanzará su punto máximo hasta la década de 2040; un argumento que Berman rechaza totalmente, en parte porque cada pozo individual de esquisto experimenta 70 o hasta 90 por ciento de disminución en su producción durante los primeros tres años de vida útil; mientras que los grandes campos de esquisto (que aglutinan varios pozos) ven reducida su producción entre un 20 y un 40 por ciento cada año si no se efectúan nuevas perforaciones.

Por si fuera poco, Berman predice que para el año 2020 la Cuenca Pérmica ya no podrá compensar las disminuciones en la producción de Bakken y Eagle Ford, y la escasez provocará no solo que los precios del petróleo aumenten, sino que Estados Unidos se convierta (una vez más) en un país dependiente de los combustibles fósiles extranjeros.

Sin embargo, como explica el analista y geoestratega Alfredo JalifeEU aún tiene ases bajo la manga en su juego de póquer contra China”, uno de ellos precisamente es el esquisto. Pero no se trata del esquisto de Estados Unidos, es el de “Norteamerica”.

El as bajo la frontera

Tal y como reportó Reuters, México subastará los primeros bloques de esquisto en septiembre de 2018, marcando la primera vez que el país ofrezca a las compañías petroleras privadas la oportunidad de explotar el recurso, que ha estado en auge en los Estados Unidos durante años.

Los bloques se encuentran en la Cuenca de Burgos, en el estado fronterizo de Tamaulipas, en el noroeste del país, donde la petrolera estatal Pemex ha perforado unos 20 pozos exploratorios en el pasado.

Los ganadores de la subasta tendrán el derecho de explorar y llevar a cabo actividades a cualquier profundidad, incluyendo formaciones de esquisto.

La eventual llegada del frakcing en Tamaulipas ya comienza a generar oposición por parte de la ciudadanía y algunas fuerzas políticas preocupadas por el medio ambiente, ya que la práctica del fracking provoca niveles altos de contaminación en los cuerpos acuíferos e incluso sismos en las regiones donde se lleva a cabo.

Pero afortunadamente para las empresas que se disponen a perforar, Tamaulipas continúa atormentado por la violencia de los cárteles de la droga; una situación con potencial similar al “éxito” de la industria extractiva en Honduras.

Según una investigación de Global Witness, desde 2010 han muerto más de 120 activistas que se opusieron a las presas, las minas, la tala o la agricultura en las tierras hondureñas. Y murieron asesinados por fuerzas del Estado, guardias de seguridad o asesinos a sueldo. Muchos otros activistas ambientales han sido amenazados, atacados o encarcelados.

El caso más emblemático en Honduras es el de Berta Cáceres, quien antes de morir denunció el papel de Hillary Clinton en el golpe de estado contra el legítimo presidente hondureño en 2009.

En México ya existen ejemplos de este tipo de “cacería” contra los activistas ambientales para favorecer a las empresas transaccionales, como es el caso de León Fierro, un defensor del agua en Baja California.

El caos desatado por la fallida guerra contra el narco en el norte de México desde el sexenio del Felipe Calderón, es el caldo de cultivo perfecto para replicar la experiencia hondureña en México y neutralizar la protesta ambiental.

Por último, la fracturación hidráulica, utilizada por la industria para romper los depósitos de esquisto y hacer que fluya el petróleo y el gas, requiere de grandes cantidades de agua que México posee en la región centro, sur y sureste del país, reservas que pueden ser llevadas a la región noreste con proyectos como el del acueducto Monterrey VI.

Norteamérica

Se ha estimado que los recursos totales de esquisto de México equivalen a unos impresionantes 60 mil millones de barriles de petróleo, que sumados a las reservas de petroleo convencional (incluyendo el Golfo de México), dan un total de 70 mil millones de barriles. Tomando en cuenta que Estados Unidos consume cerca de 7 mil millones de barriles al año, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA); aprovechar los recursos “mexicanos” le aseguran el suministro de energía al gobierno estadounidense al menos hasta el año 2030.

No es casualidad que los geoestrategas estadounidenses hablen cada vez más de la región “norteamericana“. Para EU será vital asegurar la Integración Energética de Norteamérica, con o sin TLC-AN.

 

Fuentes:

Oil Price. (2018, 17 de mayo) The Shale Boom Might Not Last Long. Recuperado de: https://oilprice.com/Energy/Crude-Oil/The-Shale-Boom-Might-Not-Last-Long.html

Kingdom Exploration. (2017, 17 de septiembre) Shale Gas Magical Thinking. Recuperado de: https://www.kingdomexploration.com/blog/2017/09/17/art-berman-shale-gas-magical-thinking/